Por: Saúl Franco

Deforestación y exterminio

El incremento simultáneo de la deforestación y del asesinato de líderes ambientalistas, tanto en Colombia como a nivel mundial, no debe ser mera coincidencia. Son dos fenómenos, cada uno suficientemente grave, cuyas relaciones es preciso aclarar, y cuyo enfrentamiento debe hacerse conjuntamente si se quieren resolver de fondo.

Las alarmas ambientales se dispararon en Colombia a raíz del incremento en un 44 % de la superficie deforestada, al pasar de 124.035 hectáreas en 2015 a 178.597 en 2016, según el Ideam, la entidad correspondiente. Su ubicación es bastante indicativa.  El 60 % corresponde a la región amazónica y el 30 % del total a seis municipios: San Vicente del Caguán, Riosucio (Chocó), Cartagena del Chairá, Ungía, Uribe y Tibú. Es decir: las zonas que han presentado la combinación de mayor intensidad de la confrontación armada, aumento acelerado de cultivos ilícitos y, en algunos casos, la expansión de la minería legal e ilegal.

A nivel mundial, entre 1990 y 2015 se perdieron 129 millones de hectáreas de bosques, a pesar de que durante ese período disminuyó la tasa de deforestación. Según la FAO, África y América del Sur son las regiones del mundo donde el problema es más grave. Entre 2010 y 2015 se talaron anualmente 2,8 millones de hectáreas en África y 2 millones en Suramérica. En la Amazonia brasilera, el bosque tropical más grande del mundo, después de una significativa reducción de la deforestación entre 2004 y 2014, volvió a deteriorarse la situación desde 2015: entre agosto de ese año y julio de 2016 se deforestaron 800.000 hectáreas.  Y un agravante: a partir de hoy viviremos en saldo rojo ambiental en este 2017, pues justo a la fecha ya la humanidad consumió los recursos que el planeta puede renovar en un año.

Los bosques, independientemente de dónde estén, son útiles para todo el planeta al contribuir a la calidad del aire, las aguas, el clima y la vida de todas las especies. Por suerte, nuestra América —no la de Trump que es sólo Estados Unidos— tiene un poco más de la mitad de todos los bosques tropicales del mundo y, por tanto, la mitad de todas las especies disponibles. Una riqueza incalculable.

Acabar con los bosques produce un enorme daño ambiental al alterar las fuentes de agua y el hábitat de millones de especies, produciendo la pérdida de biodiversidad y facilitando la erosión y la aridez. Los árboles bloquean los rayos solares en el día, contribuyen a mantener el calor en la noche y facilitan la fijación del CO2. Dado que absorben gases de efecto invernadero, la eliminación de los árboles contribuye a que aumente su presencia en la atmósfera, provocando el calentamiento global. Se estima que en Colombia la deforestación es responsable, aproximadamente, de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero.   

Según el Global Witness Report el año pasado fueron asesinados en el mundo 200 ambientalistas, 15 más que en 2015. La región más peligrosa del mundo para ser ambientalista es América Latina. Sólo dos países de la región, Brasil con 49 víctimas y Colombia con 37, aportan el 43% del total global. Esos 37 defensores de la tierra y de su propiedad y uso adecuados en Colombia representan el 20% de los 186 líderes sociales asesinados en el país en 2016.

Ni las grandes explotaciones agrícolas y mineras, ni el deseo insaciable de poseer cada vez más tierra, ni las guerras internas o entre naciones priorizan la vida humana, la de las demás especies y el bienestar conjunto. Para lograr sus objetivos igual depredan la naturaleza que desplazan los pueblos nativos y asesinan a los líderes y defensores de ella y de ellos.  

Así como la defensa de la vida humana no es una cuestión exclusiva de los defensores de derechos humanos, la defensa de la naturaleza no es sólo de los ambientalistas. Ambas, en lugar de metas idealistas o tareas heroicas, son imperativos de la humanidad y requisitos indispensables para la sobrevivencia como especie y como universo viviente. Garantizarlas simultáneamente es deber de los Estados y las respectivas instancias internacionales. Exigirlas es responsabilidad inaplazable de todos/as.

*Médico social.

Buscar columnista