Por: Melba Escobar

“Déjà vu”

Dejé de escribir un período porque tuve un bebé. En ese tiempo también paré de leer noticias. Han pasado dos meses desde entonces. En este tiempo mi hijo de 50 centímetros aprendió a darse media vuelta acostado, a levantar la cabeza, a chuparse la mano, a fijar la mirada, a sonreír. Apenas ayer volví a mirar prensa. Para mi sorpresa, tengo la sensación de que no ha pasado nada. Mientras de este lado de mi encierro todo es acontecimiento, afuera sigue la misma pelea entre petristas y peñalosistas. Ahora se culpan unos a otros por la inundación del deprimido de la 94, sobre la que han hecho el famoso escándalo de “eso solo pasa en este país”, como si en el primer mundo o en cualquier país de Latinoamérica o donde sea nunca se inundara una obra pública. O como si no fuese algo inédito que en un solo día haya llovido una tercera parte de lo que llovió durante todo el mes de abril, tal como ocurrió el día de la inundación.

Pero nuestra reacción no es de extrañarse. Es como si tuviéramos una desviación congénita que nos inclina siempre a la hipérbole. La costumbre de creer que somos los más desgraciados, los más violentos, los más alegres, los más corruptos, los más vivos, las más hermosas y los más rebuscadores, nos llevan por la misma ruta de aseveraciones tajantes, acusaciones virulentas y repeticiones imparables.

La ascensión del presidente Uribe a deidad celestial proclamada por la senadora Paloma Valencia es apenas otro golpe de efecto dentro de la misma trama. Por otra parte, sigue habiendo un paro en el Chocó, ¿o es acaso otro igual a uno que vi hace unos meses en las noticias? Una sensación de déjà vu me invade mientras leo esa noticia y la del paro de maestros, el de taxistas, el de empleados públicos. ¿No había visto esa misma noticia, idéntica, hace no tanto tiempo? Lo mismo siento al escuchar a un uribista en la radio hablar del peligro de caer en el catrochavismo de cara a las elecciones del 2018. “¿Pero esto no lo habían dicho antes?”. “Cierto, pero lo habían dicho sobre las elecciones de 2014”, me aclara mi marido. ¿Y es que acaso eso no es lo mismo? Me pregunto, confundida.

La angustiosa sensación de déjà vu se repite al escuchar la alerta por la ola invernal, el hacinamiento en las cárceles del país, el lanzamiento de un nuevo disco de Juanes, las quejas de las madres comunitarias del Icbf, el paro de maestros, las protestas de funcionarios del Inpec, el paro de los taxistas contra el servicio de Uber. ¿No hubo uno igual hace poco? ¿Acaso estaré viendo una grabación vieja del noticiero y no me he dado cuenta? Corroboro que es el noticiero de hoy, 17 de mayo, un día antes de que ustedes lean esta columna. ¿A lo mejor sentirán, como yo, que esto ya lo habían leído antes? Porque lo mismo vuelve a pasarme al ver la imagen de un policía abaleado sobre el piso, ¿una imagen que podría ser de hace 20, 30, o más bien 40 años? Aunque también podría ser de ayer o de hoy.

Apago el televisor angustiada, con la sensación de estar perdiendo la memoria. Me pregunto, ansiosa, si seré solo yo, o si será que la memoria nos está fallando a todos los que vivimos en el país más feliz del mundo.

@melbaes

 

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