Por: Daniel Pacheco

Déjenme sano

¿QUÉ MÁS PIDE UNO LUEGO DE VER que la mayoría de los colombianos son conservadores? No son sólo los casi 3 millones de votos en la consulta conservadora. A eso súmele las mayorías parlamentarias de la U y los godos, la altísima votación de Gilma Jiménez, la inquisidora por los niños, y las curules de Mira. Colombia se conservatizó.

Cosas pequeñas, como la votación de José Galat, que con el lema “¡Estamos con Dios!” y una plataforma católica coherente contra el homosexualismo, el aborto y la eutanasia logró convencer a 90 mil personas, les ponen los pelos de punta a los libertarios de este país. Y no es para menos, si antes ya se venía el avance de la restricción de las libertades con la prohibición de la dosis personal, la obstrucción de la sentencia de la Corte que permite el aborto y el estancamiento de la ampliación de derechos para las personas LGBT, ahora hay razones para pensar que la cosa se va a poner mucho peor.

Pero, ¿peor cómo, peor para quién? Millones de personas que apoyaron a los candidatos ganadores podrán decir, con toda la razón, que el país está retomando el camino del orden, de lo correcto. Sin embargo, es cuando los libertarios pierden y los conservadores mandan que salen a flote puntos clave para diferenciar a estas dos tendencias ideológicas.

El pensamiento conservador, en lo que tiene que ver con el papel del Estado en regular los comportamientos de la gente, considera que hay unas cosas buenas y otras malas, y lo malo hay que prohibirlo. Es malo el aborto, es malo el homosexualismo, es malo el consumo de algunas sustancias. Entonces, más allá de que los comportamientos de una persona tengan un impacto sobre otra gente, hay que prohibirlos. ¿En qué afecta a los católicos la legalización del aborto? Acaso significa que todas tienen que abortar: No, sólo abortan las que quieren.

Por eso en la pepa del pensamiento libertario, más que el libertinaje, está es la opción de decidir. Si los libertarios mandaran permitirían a los católicos hacer sus ritos, pensar lo que quisieran y actuar como quisieran siempre y cuando no afecten a los demás. Si quieren flagelarse, ¡que se flagelen! Si quieren subir a Monserrate de rodillas, ¡adelante!

De ahí que pedir que nos dejen sanos no es pedir mucho. Lo mismo haríamos por ellos: tolerar lo que no lo afecta a uno. Esta es la invitación que hacemos varias organizaciones que trabajan por la ampliación de las libertades individuales en Colombia. El próximo viernes 26 de marzo, a las 6 p.m., en la 85 con 15 en Bogotá, Dosis de Personalidad, Women's Link Worldwide, Radio Diversa, entre otros grupos, lo invitan a que diga “Déjenme sano”.

Extiendo esta invitación a celebrar las libertades individuales a todos los artistas, figuras de opinión, estudiantes y ciudadanos que quieren que los dejen sanos. Tendremos música, videos, street art, circo, mucha tolerancia y algo de libertinaje. No para escandalizar, sino para mostrar que aquí estamos a pesar de que nos prohíban.

Mas información en www.dosisdepersonalidad.com.

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