Por: Jorge Gómez Pinilla

Del asesinato considerado como… un ‘falso negativo’

Comencemos por la tesis y continuemos con las hipótesis.

La tesis -incontrovertible- es que con la llegada de Iván Duque a la presidencia se incrementaron hasta el delirio los niveles de violencia en Colombia, debido a que los detentadores del poder necesitan de esa violencia para distraer la atención y así mantener impune a su patrón. A eso se le llama "pescar en río revuelto". La resurrección de los grupos paramilitares, la cadena de homicidios selectivos sobre líderes sociales y la avalancha de amenazas (contra los que dejan vivos) no es casual, se inscribe dentro del objetivo táctico-estratégico de aniquilamiento progresivo del “enemigo”, y es de clara inspiración militar.

La primera hipótesis -controvertible- apunta a que el asesinato del candidato del Centro Democrático a la alcaldía de Toledo (Antioquia), Orley García, podría caber dentro de la definición de ‘falso negativo’.

La diferencia entre un falso positivo y un falso negativo es que en el ‘positivo’ se asesina a un joven para hacerlo pasar como baja guerrillera, mientras que en el segundo un grupo u organización de origen desconocido -por ahora- se encarga de “neutralizar” a un político de provincia para producir una consternación social (hecho negativo), sin que contemos -por ahora y por supuesto- con elementos de prueba que permitan señalar a los políticamente afectados de su autoría.

La primera pregunta que se hace el investigador ante la escena del crimen es ¿a quién le sirve? El primer beneficiado por obviedad es el Centro Democrático, porque adquiere aureola de víctima (ya no de victimario), pero ello no significa que se pueda tender sobre esa agrupación un manto de sospecha. Serán la investigación de la Fiscalía la que determine los verdaderos culpables.

Sea como fuere, lo que no se puede ocultar es que a la extrema derecha colombiana -tan emparentada con la ‘mano negra’- nunca le ha temblado la mano a la hora de inmolar a uno o más de los suyos si es “por el bien de la Patria”. Lo definen como bajas colaterales. Ahí caben desde la salvaje retoma del Palacio de Justicia el 6 de noviembre de 1985 -cuando hubo un golpe de Estado de 24 horas- hasta el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado diez años después (2 de noviembre de 1995) cuando creyeron que al matarlo iban a tumbar el gobierno de Ernesto Samper.

Una segunda hipótesis -en parte sustentable- podría atribuir el crimen a las disidencias de las Farc, hoy comandadas por Iván Márquez y Santrich, en “respuesta a la traición del Estado al acuerdo de paz de La Habana”. (Ver video). Pero el modus operandi no permite pensar que se trate de un plan pistola, atribuible a ellos. Según el comandante de la Policía de Antioquia, coronel Giovanny Buitrago, a Orley García un francotirador le disparó un solo tiro certero con una escopeta desde un matorral, desmintiendo la versión que hablaba de 13 impactos de fusil. (Ver noticia).

Al cierre de esta columna ninguno de los grupos que operan en la zona se había adjudicado la acción, y según el subsecretario de seguridad de la gobernación de Antioquia, Balmore González, “se descarta que sea un grupo armado organizado de la región el autor del crimen”. (Ver noticia).

En conclusión, lo único que se sabe es que lo mataron a descampado por la espalda, en una acción individual y cobarde, y que las masas alebrestadas del Centro Democrático hoy rasgan sus vestiduras y mesan sus cabellos en agonía ante un crimen que en lo local les dará con toda seguridad la alcaldía de Toledo, mientras en lo nacional les sirve para convencer al país entero de la necesidad de aplicar más mano dura. Y “a rey muerto, rey puesto”.

Caso contrario al de la candidata del Partido Liberal a la alcaldía de Suárez (Cauca), Karina García, asesinada e incinerada en compañía de su madre y otras cuatro personas dentro de un vehículo. Esto no fue un falso negativo sino una verdadera masacre, planeada y ejecutada a sangre fría y con el evidente propósito de sembrar terror en la región, con una diferencia notoria a lo de Toledo: en Suárez no va a ganar el candidato que remplace a Karina.

¿Por qué? Porque allá los liberales ya quedaron advertidos. Y Colombia entera, por supuesto.

Al cierre de esta columna El Espectador informó que “fueron capturadas dos personas que habrían participado en el crimen de Orley García”, y que “serían simpatizantes de una corriente política distinta a la del político local asesinado”. La fuente de la información no da nombres (¿por qué no?), solo habla de alias ‘Cagacinco’, quien “habría sido el encargado de disparar contra el candidato García”. Del otro solo se dice que “fue detenido en la salida de la iglesia de Toledo, donde se cumplía una eucaristía en honor al político asesinado”. (Ver noticia).

Como dato llamativo, a la salida de esa misma “eucaristía” el senador Álvaro Uribe declaró a los medios -cargado de tigre- que “si los criminales buscan que nos escondamos, vayan buscando escondites”.

¡Qué efectividad la de nuestros organismos de seguridad!

 

DE REMATE: Desde la llegada del subpresidente Iván Duque al poder se ha desatado sobre la nación entera una orgía de sangre y destrucción solo comparable a los años de La Violencia en que campeaba imparable la férula asesina de Laureano Gómez, más conocido como “el monstruo”. De lo que viene en camino, en remake del horror, da cuenta esta lúcida columna para Vanguardia del paisano y buen amigo Puno Ardila, titulada Los motivos del lobo.

 

Twitter e Instagram: @Jorgomezpinilla 

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

 

 

 

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