Por: Nicolás Rodríguez

Del consejo comunitario al consejo de redacción

No está solo el ex presidente Uribe en su deseo de repetirnos que la justicia está politizada. Cuenta con columnistas (como mínimo cinco, pero son más) cuya servil creatividad llevó a hacer de la opinión un comunicado de prensa. Y tiene a uno que otro periodista difundiendo, amplificando e interpretando (si no es que rezando) en la radio lo que dicta en twitter. Es más, las páginas de opinión de un periódico entero lo acompañan.

Tal es el caso de El Colombiano, cuyo editorial del jueves pasado, que se veía venir, reprodujo el slogan del ex presidente: “la justicia colombiana ha facilitado un indicio más de su politización”. Una expresión que por supuesto ya había sido utilizada, no una sino muchas veces (en tiempos del fallo de la Corte Suprema contra Guillermo Valencia Cossio, por ejemplo). Y todo en la misma línea editorial que defendió las zonas francas de Tomás y Jerónimo Uribe (“¿Es justo condenarlos a cruzarse de brazos cuando quieren trabajar en Colombia y por Colombia?”), promovió las bondades de AIS (“una estrategia seria que evita repetir modelos fracasados de reforma agraria"), y atacó a los detractores del asilo en Panamá que le fue concedido a la ex directora del DAS, María del Pilar Hurtado (“Colombia también ha concedido asilos”).

Eso en los editoriales. En el tema de las columnas ya son famosos los despidos y renuncias (¿o renuncias por despidos?), de los que se rehúsan a incorporar las rodilleras al manual de redacción y ética periodística. Son conocidos los casos de Pascual Gaviria y Gustavo Álvarez Gardeazábal. Pero hay más. Difícil olvidar, si a eso vamos, que a Javier Darío Restrepo le aplicaron el adiós por “reorganización de nuestras páginas de opinión”. Un clásico.

Y de acá a las caricaturas, sobre las que El Colombiano también quiere sentar cátedra e impartir estilo. Incluso si las publican otros diarios. Ahí está el mini editorial del miércoles en el que el periódico lanza, sin anestesia, la siguiente frase: “Lo que faltaba es que un caricaturista opine en las páginas editoriales de un diario con argumentos que no comparten las directivas de dicho diario”. Y todo porque ‘Papeto’, en el diario El Mundo, puso en boca de un gafufo narizón cualquiera el siguiente juego de palabras: "Antes Arias quería suceder a Uribe. Hoy muchos esperamos que a Uribe le suceda lo de Arias". Tan hondo caló la ocurrencia del caricaturista, cuyas palabras son también un reflejo de la polarización a la que le jugó, desde el principio, el propio Uribe, que el columnista Jaime Jaramillo Panesso renunció, indignado, a su colaboración dominical en El Mundo. Y entonces este se disculpó, en su editorial, con un “tenemos que confesar que omitimos examinar con mayor cuidado la caricatura”.

En fin, reducido el oficio crítico y necesario del caricaturista al de simple dibujante de noticias y opiniones de terceros, obligado, pues, a acompañar con sus matachines los rellenos que quedan libres en el impreso, ya se imaginarán los buenos lectores de El Colombiano, entre los que me cuento (cada quien con sus vicios), el tipo de cartas que nunca les serán publicadas.

nicolasidarraga@gmail.com
 

 

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