Por: Felipe Jánica

Del corto plazo y otros males

El viernes pasado el Banco de la República (banco central colombiano) tomó la decisión de bajar en 25 puntos básicos la tasa de interés de intermediación. Decir que esté bien o mal no debe ser objeto de críticas, pues no hay mucho que discutir o argumentar en un mandato constitucional como realmente lo tiene el banco en materia de política monetaria. Lo cierto es que la política monetaria sigue demostrando que las variables exógenas siguen siendo casi que incontrolables. Me refiero específicamente a la inflación y a la devaluación y/o revaluación del peso colombiano frente al dólar estadounidense.

Mientras esto ocurre, son muchas la elucubraciones que giran en torno de lo que está pasando con la coyuntura internacional y gringa y sus coletazos en la economía colombiana, sobre todo la macro. Con relación a la cotización del dólar, casi nadie esperaba la semana pasada una escalada pronunciada de la moneda gringa. Todo esto por variables exógenas y no atribuibles esta vez al precio del commodity negro. Lo que realmente movió la aguja de esta moneda con relación a la colombiana ha sido la incertidumbre de lo que pueda pasar en la FED o banco central estadounidense. Por un lado, hay cierta incertidumbre por quién lo presidirá y por otro lado la expectativa de que incrementen las tasas de interés prontamente. Esto es lo que realmente ha logrado hacer estragos en la devaluación del peso. Así pues, no se entiende como algunos se jactan por decir que eso era lo esperado. La verdad la mentalidad de casino es la que prima en las predicciones de lo que pasará en materia de devaluación o revaluación del peso colombiano frente a la moneda “gringa”.

Con respecto a otra variable exógena y un poco más controlable, la inflación si bien había empezado a ceder, en septiembre pasado se logró incrementar situándose en 3,97%. Este asunto, sucintamente explicado por la junta directiva del Banco por el mayor ritmo de aumento anual del IPC de alimentos. Lo que realmente debería investigarse es cuáles fueron las motivaciones del mercado para que exista tal incremento. Con ello lo que debería estar revisando el Estado son las medidas preventivas para evitar tales sobresaltos. En mi opinión la única manera preventiva será la estructuración de reformas de Estado más allá de aquellas propias de gobiernos.

En este contexto turbulento y de movimientos esperados en materia de política monetaria, lo que debería ser objeto de estudio de cara a propuestas estratégicas de Estado es cómo se previene el uso excesivo de esta política. El punto es que sí o sí, el Banco tendrá que seguir con su mandato constitucional de administración prioritaria de la inflación y de la tasa de cambio. Por ello, poco o nada podrá hacer en contra de seguir subiendo o bajando las tasas de intermediación si no se busca contrarrestar las variables exógenas en las que poco o nada se controlan. Así las cosas, el mejor camino es buscar sostenibilidad interna y para ello es necesario la formulación de reformas estructurales.

En el entretanto seguir analizando y/o sacar pecho de lo que pueda seguir pasando en materia de devaluación o revaluación no será más que tertuliano. Lo mismo ocurre con las predicciones de inflación si es que no se analizan medidas estructurales que no sigan afectando a los ciudadanos de a pie. Lo que es posible analizar en el corto plazo es que el dólar podría seguir su escalada producto de las incertidumbres de la FED antes mencionadas. Y en materia de tasas de interés sino se corrige los el mayor ritmo de aumento anual del IPC de alimentos, lo más seguro es que la tasa de intermediación baje unos 25 puntos básicos más antes de que finalice el año.

 

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