Por: Pedro Viveros

Del cuento chino de Nicolás Maduro al repensar de Juan Guaidó

El 4 de febrero de 1992, vestido con un camuflado y una boina roja, el coronel Hugo Chávez Frías, luego de un intento de golpe contra la República de Venezuela presidida por Carlos Andrés Pérez, dijo ante los medios de comunicación la frase que delineó su futuro en la escena política: "lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados". Ese día nació el imaginario del chavismo que lo llevó a la presidencia desde 1999 hasta 2013, año de su muerte.  Días antes de morir, él mismo le daba nacimiento al continuismo de su ambicioso propósito político cuando sostuvo que de fallecer debía ser Nicolás Maduro su sucesor. ¿Ficticio poschavismo?

El 11 de enero de 2019, el diputado más joven de la historia política venezolana decide asumir la presidencia de la Asamblea Nacional con una sola propuesta: convocar nuevas elecciones presidenciales en su país. Juan Guaidó convertía un anhelo legítimo en un relato artificial que iba a servir de contrapoder al período de un régimen sin legitimidad, con un heredero sin el carisma y poder electoral de su controvertido mentor. Al fin y al cabo, la política son relatos que buscan cambiar la realidad por medio del buen (o mal) uso del poder. Para algunos, la invención de los “barbudos de la Sierra Maestra” era la salida digna e igualitaria a una sociedad cerrada e imperialista. Para diez presidentes de los Estados Unidos, la lucha de Fidel Castro seguía siendo una amenaza para el mito de los “padres fundadores” de la unión americana. Solo el apoyo ciudadano (nacional e internacional) ratificaría quién tenía la razón. El régimen de Cuba sigue en el poder y los norteamericanos este año escogen nuevo mandatario.  

La lucha por la legitimidad en la era moderna radica en el voto libre de los ciudadanos, la confirmación de sus libertades y el reconocimiento exterior de una nación. Maduro usa la imagen de Chávez y mal esgrime frases de Simón Bolívar, que nunca aprendió al lado de su “comandante eterno”, para tratar de gobernar un país que día a día se le deshace en su corruptas manos. Inventa amigos, recrea monedas, relativiza aliados, cacarea amenazas, imagina alianzas económicas y fabrica imágenes inexistentes de una libertad que solo vive en su mente artificiosa. Pero lo insólito es que haya público que descalifica el arquetipo de ensayo propuesto por Guaidó y el Grupo de Lima. ¿Acaso no tiene derecho a transmitir su fabuloso mensaje que busca, por todos los medios, convocar elecciones libres bajo su presidencia interina? Prefiero un Guaidó que quiere repensar una nueva Venezuela vía democrática, a creerle su cuento chino a Maduro, Cabello, Rodríguez, Tarek y la nueva estrella del firmamento fantasioso de ese régimen: la prófuga exsenadora Aida Merlano. 

Bien lo dice Yuval Noah Harari en su libro De animales a dioses: “los sapiens pueden transformar sus estructuras sociales, naturaleza de sus relaciones interpersonales, sus actividades económicas y toda una serie de comportamientos en el decurso de una década o dos”. Contrario a la era prehistórica donde los proyectos de vida duraban siglos por falta de preguntas. Es decir, por carencia de razonamiento. ¿O será que quienes hoy se burlan de las acciones simbólicas de los aliados de Guaidó, escudriñan que la cancillería colombiana pida la extradición de la condenada Merlano a Diosdado Cabello? ¡No faltaba más! 
Razón tenía Charles Baudelaire cuando escribió: “sumergirnos en el fondo del abismo, Infierno o Cielo, ¿qué importa? ¡Hasta el fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo!".

@pedroviverost

904945

2020-02-18T00:00:22-05:00

column

2020-02-18T00:30:01-05:00

jrincon_1275

none

Del cuento chino de Nicolás Maduro al repensar de Juan Guaidó

63

3826

3889

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Pedro Viveros

Cuando nos volvamos a encontrar

El post Coronavirus

Claudia López, la lectora

La xenofobia también puede ser contra usted