Por: Arlene B. Tickner

Del dicho al hecho...

Tan común se ha vuelto que una vez elegidos, los presidentes en Colombia emprendan el peregrinaje "obligado" a Estados Unidos que es natural que la decisión de Juan Manuel Santos de visitar primero a Brasil cause toda clase de especulación sobre el cambio de rumbo en la política exterior colombiana.

La importancia de los gestos diplomáticos no debe subestimarse. Sin duda, el encuentro entre Santos y Luiz Inácio Lula da Silva reitera, una vez más, una de las prioridades del nuevo gobierno: recuperar el terreno perdido en América Latina, sobre todo en el vecindario inmediato, y avanzar en la identificación de socios estratégicos regionales. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Basta ver el estado actual de la agenda bilateral para darse cuenta de que el estrechamiento de relaciones entre Colombia y Brasil corresponde por ahora más a un deseo que una a realidad.

Si bien en 2007 la inversión brasileña en nuestro país alcanzó un nivel histórico de US$529 millones, ésta ha oscilado generalmente entre el 1,8 y el 2,5% del total. En comercio, y a pesar de que aumentó cuatro veces entre 2003 y 2008, el mercado brasileño representa menos del 2% de las exportaciones de Colombia y alrededor del 6% del total de sus importaciones. Brasil ocupa un lugar distante entre los primeros diez socios comerciales colombianos —lista encabezada por Estados Unidos, Venezuela, la Comunidad Andina de Naciones y la Unión Europea— y Colombia está lejos de su top ten.

Incluso, la suscripción de un acuerdo militar a mediados de 2009 para permitir, entre otros, el intercambio de información y la utilización del espacio aéreo del otro país difícilmente se ha traducido en una “alianza pragmática” y mucho menos una “relación especial”, tal y como se vaticinaba en ese entonces. Por supuesto, el tema del uso estadounidense de bases militares colombianas no ayudó a ese objetivo, aunque la decisión de la Corte Constitucional suaviza las tensiones que ello produjo.

Es diciente que en Brasil apenas se comenta la visita de Santos en los medios de comunicación. Tristemente, Colombia sigue teniendo un perfil bajo dentro del radar gubernamental, mediático y académico de ese país (y vice-versa). Lo cual no quiere decir que una relación más estrecha entre los dos países no sea bastante conveniente. Además de los problemas y oportunidades que comparten a lo largo de su extensa frontera amazónica, una mayor cercanía con Bogotá le permitiría a Brasilia disponer de un socio más moderado y menos errático que Hugo Chávez, consolidando de paso su apuesta a la hegemonía regional. El interés del Presidente colombiano por convertir a este país en un jugador internacional también se podría valer de semejante alianza política.

Ello no significa que el Gobierno vaya a priorizar a Brasil por encima de Estados Unidos, el cual sigue siendo la contraparte internacional más importante que tiene Colombia, no sólo en comercio e inversión sino en cooperación militar, económica y social. Ni que el camino esté despejado, comenzando por el hecho de que la posición colombiana sobre la ampliación del Consejo de Seguridad de la ONU —la raison d’être de la política exterior brasileña— es contraria. Pero que es importante mirar hacia el titán suramericano, no hay duda.

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