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hace 24 mins
Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Del dicho al hecho

Millones de lucecitas se prendieron en los parques de Barranquilla como parte de la Navidad. El acto de iluminación fue presidido en días pasados por el alcalde, Alejandro Char. “En esta época tan especial quiero pedirles a todas las familias que disfruten en unión y paz”, afirmó Char. Durante el reciente Congreso Nacional de Infraestructura el alcalde dijo también que en los últimos diez años se han hecho grandes inversiones que han permitido que la ciudad se transforme y “se salde la deuda social”. “Hoy, diez años después, Barranquilla ha tenido una transformación en su parte física, pero también en el ser humano”, explicó.

Pese a que los parques iluminados son construcciones relativamente nuevas, la tradición de invertir en las luces navideñas es vieja. También viejas son las infraestructuras eléctricas de gran parte de la ciudad. Tampoco es novedad que la empresa de electricidad se encuentre intervenida por la Superintendencia. Ya en 1998, para terminar con la crisis presupuestaria de Electranta, la Súper la intervino, invitó al sector privado y creó la nueva compañía Electricaribe. Tras los malos resultados de un consorcio formado entre Houston Industries y Electricidad de Caracas que invirtió en la compañía, este vendió sus acciones a la empresa española Gas Natural Fenosa en 2000 por la mitad del precio de compra. Entre 2000 y 2010, el Gobierno central hizo promesas sucesivas de extender las redes al sector sudoeste de la ciudad. Sin embargo, las inversiones que se realizaron solo cubrieron la extensión de la infraestructura eléctrica al 57 % del sector. Es decir, de los 60 barrios que conforman el sector, 26 no fueron dotados de redes formales de interconexión eléctrica. De acuerdo con una investigación del senador Jorge Robledo y presentada hace algunos años en el Congreso, el mantenimiento y la renovación de la infraestructura han sido deficientes en los últimos años. Entre 2009-2013, Electricaribe invirtió en el mantenimiento de 536 circuitos, de los 786 existentes. Es decir, no invirtieron nada en el 32 % de las redes de energía de la ciudad.

Para 2008, Electricaribe estimó que aproximadamente 296.000 familias vivían en los 26 barrios subnormales, que aunque no poseen redes formales reciben electricidad y pagan factura mensual. Estos barrios construyeron sus propias redes eléctricas utilizando nudos como empalmes. La gran cantidad de hogares conectados a un único transformador de distribución y la precariedad de estas conexiones inducen cambios en los voltajes, que a su vez provocan la avería de los electrodomésticos. Los periódicos registraron semanalmente quejas sobre electrodomésticos quemados por cambios bruscos en el voltaje. Un informe del defensor del Pueblo en 2004 sostuvo que la mayoría de los vecindarios subnormales experimentan estos apagones a diario. Estas conexiones eléctricas representan un peligro importante para las personas que viven en los barrios. Las conexiones subnormales, por ejemplo, rara vez incluyen sistemas de polo a tierra. Aunque no hay estadísticas oficiales sobre el número de víctimas mortales resultantes de descargas eléctricas, algunas comunidades mantienen sus propios registros. La JAC del barrio Siete de Abril registró 25 muertes entre 2000 y 2007 debido a accidentes con redes y conexiones o incendios desencadenados por la explosión de transformadores.

Algo va entonces de la transformación física y humana de la ciudad, celebrada por el alcalde, a la vida cotidiana de los habitantes de barrios del suroccidente de la ciudad (esta semana, sólo días después del acto de iluminación del parque 12 barrios del suroccidente estuvieron sin luz por 12 horas). Y la mentada “deuda social” no está saldada. Cabe recordar aquí las palabras de Jorge Robledo sobre las víctimas registradas por electrocución. “¿Cómo es que estas 91 víctimas no tienen dolientes a nivel estatal?”, se preguntó. “Esta gente no murió porque estaban siendo irresponsables o porque no sabían sobre los peligros de trabajar con electricidad. Murieron porque eran pobres. Lo que los mató fueron la pobreza y el sistema de subnormalidad que legaliza la injusticia”.

 

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