Por: Patricia Lara Salive

¿Del disparate a la dictadura?

COMO ESCRIBÍA ALFREDO MOLANO (a quien le renuevo mi aprecio y mi solidaridad en su lucha por la libertad de expresión), “hay temas a los que no se les puede escurrir el bulto”. De modo que aquí va éste:

Que el Presidente ponga en entredicho un fallo de la justicia y cuestione e insulte a la Corte Suprema que lo emitió, es un acto irresponsable que hiere casi de muerte la institucionalidad del país.

Y el asunto se complica si se tiene en cuenta que quien lo cometió es nada menos que el Primer Mandatario, cuyo deber principal es justamente velar porque imperen la Constitución y la ley. “Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia”, ha dicho Uribe las dos veces en que ha tomado posesión de su cargo con su mano extendida en señal de juramento. Y en las dos ocasiones los presidentes del Congreso que le han dado posesión le han respondido: “si así fuere, que Dios y la Patria os lo premien, y si no, que Dios y la Patria os lo demanden”.

Este insólito caso adquiere tinte de disparate mayúsculo si se tiene en cuenta que, para remediar la ilegalidad que según la Corte vició el acto legislativo que le dio vía libre a la reelección presidencial pues su aprobación se dio porque el Gobierno habría comprado el voto de la representante Yidis Medina, lo que se le ocurrió al Presidente fue convocar a un referendo para repetir las elecciones de 2006. Ello no es posible porque, como decía el filósofo griego Heráclito, no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, y los otros candidatos presidenciales del 2006, Horacio Serpa y Carlos Gaviria, ya dijeron que no le jalarán al jueguito. Además nada tiene que ver una cosa con la otra. Y nadie está cuestionando ese resultado electoral. Lo que está en entredicho es la aprobación de la ley que permitió la reelección. Repetir las elecciones para arreglar ese entuerto equivale al absurdo de extraerle el apéndice a un hijo para que se le cure la apendicitis al padre.

¿Por qué en lugar de decir que esperará el pronunciamiento que sobre el asunto hará la Corte Constitucional, a la que la Corte Suprema le envió su fallo contra Yidis porque es a ésta a la que le corresponde estudiar si vuelve a pronunciarse sobre la legalidad del acto legislativo que autorizó la reelección, el Presidente dejó que se le volara el temperamento y armó semejante tierrero? ¿Será que simplemente amaneció vestido de tigre, como dice él que le ocurre a veces? ¿O será más bien que, a sabiendas de que su amigo Luis Guillermo Giraldo & Cía. andan reuniéndose todos los lunes en el Hotel Dann Carlton para coordinar la recolección del millón largo de firmas que se requieren para convocar el referendo que autorice de nuevo su reelección, Uribe lo que busca es que, en medio de la confusión y el caos, coincida en el Congreso el estudio de los dos referendos y se decida que no tiene sentido invertir tanto esfuerzo y tanta plata en hacerlos los dos, que mejor se maten los dos pájaros de un tiro y se hagan ambas preguntas: ¿Aprueba usted que el presidente Álvaro Uribe ejerza la Presidencia hasta el 7 de agosto del 2010? Y ¿aprueba usted que se modifique la Constitución para que haya reelección presidencial por segunda vez?

En ese caso, toda esa locura presidencial habrá sido ni más ni menos que una jugada maestra. Pero entonces nos encontraremos con que la última carátula de la revista Semana en que aparece el Presidente vestido de emperador romano junto a un titular que dice “el poder soy yo” ya no será una sagaz advertencia periodística sino una triste realidad.

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