Por: Cartas de los lectores

Del embajador de Francia

Fiel y atento lector de El Espectador descubrí la mañana del pasado 15 de abril el artículo titulado “Las guerras de Sarkozy”, firmado por la señora Angélica Pérez.

Sin pretender polemizar con ella, y menos aún con su diario, con el cual hemos mantenido una larga y sincera amistad, es mi deber corregir aserciones que carecen de veracidad y tal vez recordar a sus lectores los fundamentos de la participación de las fuerzas francesas tanto en Libia como en Costa de Marfil.

Quisiera antes de todo insistir en el hecho de que nunca Francia se propuso vender armas nucleares a Libia como lo pretende la autora del artículo. Francia es una ardiente defensora del Tratado de No Proliferación, como lo ilustra desde hace varios años su posición frente al programa nuclear iraní.

En cuanto a la intervención de Francia en Libia y Costa de Marfil, cabe recordar que ésta se efectúa en el marco de las resoluciones 1973 y 1975 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la resolución relativa a la situación en Libia habiendo sido votada sin ningún sufragio en contra, una situación suficientemente excepcional en casos similares para ser subrayada.

En el caso de Costa de Marfil, la intervención decisiva de la fuerza Licorne (y no Lucarne —que significaría ‘ventanilla’ y no ‘unicornio’, como lo pretende su colaboradora ocasional—), en apoyo a la Onuci, se hizo a pedido del mismo Secretario General y conforme a la resolución 1975, para proteger las poblaciones civiles que padecían los ataques ciegos de una fuerza militar brutal y acabar así con los sufrimientos de un pueblo, eso sí, amigo de Francia.

Lejos de ser inspirada por motivos meramente interesados, la participación de Francia bajo el mandato de las Naciones Unidas y al lado de fuerzas provenientes de varios Estados miembros de las Naciones Unidas se fundamenta en la responsabilidad de proteger que pertenece hoy en día al derecho internacional público consagrado por las Naciones Unidas. Añadiré que la responsabilidad de proteger se inscribe en una larga militancia de Francia para que esta noción nueva entre en el derecho internacional positivo.

 Pierre-Jean Vandoorne. Embajador de Francia en Colombia.

Santos tiene huevos

Sobre todo en la Costa norte de Colombia, así se dice de las personas con empuje. Pero aquí no es ése el sentido. Ya verán.

Vamos a ver en los próximos días una especie de “Primavera laboral” dentro de la cual los trabajadores colombianos serán los reyes de la fiesta.

Nada ni nadie podrá violar sus derechos. Así lo recordarán las noticias y proclamarán los editorialistas y comentaristas más conspicuos y acuciosos de los medios.

El Ministerio de la Protección Social encontrará, por fin, que las cooperativas de trabajo asociado (CTA) fueron un engendro de una de las tantas reformas laborales expedidas bajo la fementida oferta de generar empleo.

Y se verán noticias como la que recorre los medios por estos días sobre las sanciones impuestas a 792 CTA por explotación indebida de sus asociados, así como a 20 empresas por connivencia con estas entidades que desdicen de la filosofía del sector solidario.

Este gobierno es “diciendo y haciendo”, como también se proclamó el de Pastrana, que sigue diciendo cosas como esa última de pedirle a Uribe que se lleve esa “basura” del Partido Conservador para su patio (el de la U). Lo que, por demás, resultaría compensatorio ya que, en su momento, él (Pastrana) se jaló la “basura” liberal que ahora recoge del desierto el presidente Santos.

La “Primavera laboral” será un tema de exportación. Santos necesita que llegue a la Casa Blanca y se meta a la Oficina Oval, ese sacrosanto recinto de la democracia capitalista donde, con la misma emoción que Clinton hacía “sexo oral” con la Lewinsky, Bush ordenaba la invasión de Irak. Se necesita también que su resplandor ilumine a los parlamentarios demócratas que por cuestiones tan rutinarias como la violación de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario en Colombia han bloqueado en el Congreso la aprobación del TLC, sólo porque tocó con su “guadaña” —digo motosierra— a unos cuantos sindicalistas, dentro del montonón de cráneos NN que pueblan las tumbas colectivas a cielo abierto de los campos colombianos.

Santos apostó un almuerzo en el mejor restaurante del mundo a que este año habría TLC con Estados Unidos. Santos tiene huevo en fecundación in vitro de Uribe en este específico asunto, y lo va a empollar. Santos tiene huevo empresarial y  anduvo por Europa recabando confianza inversionista para que vengan las transnacionales a darle con todo, no importa el cómo, a la locomotora minera. Y también lo va a lograr. Santos tiene huevo de “seguridad democrática” y ya acabó de un plumazo mediático los campos de las Farc en Venezuela.

“In memoriam” de Uribe, y a su estilo —dijo en Washington—, esos tres pollitos estarán pronto cantando en su gallinero.

El primer trino será por el TLC con USA. Es mejor que no apuesten. Ese Santos es un tahúr.

 Octavio Quintero.  Medellín.

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