Por: Cartas de los lectores

Del embajador de Francia sobre "diplomas echados a la basura"

Leí con atención, en su edición del 19 de octubre de 2011, el artículo titulado "Diplomas a la basura en Francia", de su corresponsal Ricardo Abdahllah.

Temo que dicho título conlleve a una ambigüedad que no corresponde al espíritu de la contribución de Francia a la formación de los futuros profesionales y élites de muchos países, entre los cuales está Colombia. Francia es hoy en día el tercer país de destino de estudiantes del mundo entero que, por un motivo u otro, escogen seguir sus estudios superiores en el extranjero.

Nuestras universidades y ‘grandes escuelas’ acogen actualmente 278.000 estudiantes extranjeros, entre los cuales nos honra contar con más de 2.900 estudiantes colombianos. El esfuerzo de nuestro Ministerio de Educación Superior y de Investigación Científica es considerable, ya que el costo de la formación de estos estudiantes es financiado por el mismo Estado (en promedio, el costo de la formación por estudiante, sin contar eventuales becas de mantenimiento, es de 11 mil euros por año). Ahora bien, Francia no pretende, a través de esta cooperación, alimentar la fuga de talentos de países que han colocado su confianza en ella para contribuir a la formación de sus futuras élites, cuando esos mismos países bien las necesitarán para participar en su desarrollo y progreso.

Este esfuerzo excepcional por su dimensión se enmarca en una política de cooperación basada sobre el principio de una confianza mutua con los países socios. Es particularmente el caso tratándose de la relación entre Francia y Colombia, que tendremos próximamente la oportunidad de ilustrar con el encuentro entre rectores de universidades y responsables de organismos de investigación científica de ambos países en Cartagena, del 27 al 29 de octubre de 2011.

No pretendo a través de la presente discutir el fondo del artículo de su colaborador y hasta puedo entender el deseo para algunos estudiantes y profesionales formados en Francia de adquirir una experiencia laboral adicional e incluso conseguir un empleo en alguna empresa francesa. Pero no creo que la inmensa mayoría de los estudiantes que regresen a su país tengan, al servir a su patria de origen, el sentimiento de haber echado su diploma a la basura.

Pierre-Jean VANDOORNE. Embajador de Francia. Bogotá.

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