Por: Lorenzo Madrigal

Del mucho hablar

HA HABIDO EXCESOS EN LAS PAlabras. Si del mucho leer y del poco dormir se le secó el cerebro a don Quijote, también del mucho hablar se les está echando a perder el buen juicio a unos cuantos y en especial a liberadores y liberados del cautiverio de las Farc.

Luego de años de silencio forzado, un hombre como Luis Eladio ha desenvuelto su guardada elocuencia y viene saturando los medios, con palabras inteligentes, valga anotarlo, acompañadas de un decir culto y de muy buen timbre sonoro. Todo ello, sin embargo, en abundancia.

Qué decir de Íngrid, quien salió del encierro selvático con sorprendente energía y claridad mental. Abónesele a su enfermero, el que esté donde está y como está. Su locuacidad, que ya la venció por cansancio, se mostró complaciente con el auditorio de turno: es apenas explicable que haya tenido una frase amable para todos: Uribe, Chirac, Sarkosy, Chávez. Si bien hay quienes denotan en ello una cierta ambigüedad.

Discreta, elusiva, liberada de las Farc y de Chávez, ha sido la mamá de Emmanuel, el Divino Niño del pesebre del secuestro, al que acabamos adorando. A propósito del chico, igualmente piedra de contradicción, como lo fue el del primer pesebre, se ha desatado un maluco roce entre las dos ilustres mujeres del Ticket Verde Oxígeno, del año 2002.

Hubo excesos de alguien, indiscreciones periodísticas, acoso de medios. Contrasta con el trabajo de Claudia Gurisatti, quien en una “Noche” reunió a las dos ilustres rescatadas, disipó malos entendidos y logró que ambas recordaran con alegría cómo bañaban al chiquillo y con qué elementos rudimentarios lo mimaron en ocasiones.

Para mí Clara es admirable mujer y madre, a la que separaron bruscamente de la criatura de sus entrañas y quien volvió a encontrarla, tras una de las dos grandes jugadas, un tanto al azar, que en materia de rescates ganó limpiamente el presidente de Colombia: el caso Emmanuel y el caso Íngrid.

En el mucho hablar no falta el defecto, dice la Escritura. Imparable, el presidente Uribe, natural protagonista del operativo “Jaque”, interrumpía a cada paso las intervenciones emotivas de los soldados y policías. Al sargento Durán, el joven que narró el episodio de su amistad con el capitán Guevara y de su dramática muerte, lo interrumpió Uribe para consolarlo con la imposible frase de que también el capitán regresaría vivo, con un poco de paciencia y buena voluntad de las partes.

Y hablando de lapsus, éste de un noticiero de la noche, corregido enseguida, según el cual, el presidente de Venezuela habría dicho que nuestros dos países, en cuanto vecinos, estaban “condenados” a vivir juntos. Corregido: no había dicho condenados, sino “destinados”. Bueno, así vamos con las palabras. “Senador Obama”, llamó la Secretaría de Prensa, en Cartagena, al candidato McCain.

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