Por: Cristo García Tapia

Del oficio

Este de columnista de opinión, según mi leal saber, oficiar, padecer a veces, sentir y entender, es el más íntimo, personal, de cuantos la vida nos convida a ejercer de manera continua en el discurrir de los tiempos que nos depara.

Y quien sabe si el más solitario, pues poquísimas veces tenemos a alguien a nuestro lado para distraer los trancones en los que siempre un pare, imaginario e infranqueable, nos detiene contra nuestra voluntad y tiempo, poniendo en riesgo el trayecto andado, alterándolo o simplemente devolviéndonos al punto de partida para, otra y quien sabe cuántas veces más, reemprender la andadura.

Éste de columnista, oficio por demás provocador y para nada munífico en afectos y retribuciones, tiene además el palito de procurarnos animosidades en todas las clases, edades, razas, lenguas, pero también, aunque son los menos, uno que otro clic, para aplacar la sordina y los perdigones que nos lanzan desde todos los flancos: de la izquierda y la derecha, del centro y de la extrema, del revisionismo y la ortodoxia, de la iglesia y del averno.

Y los infaltables, los de siempre: desde los escuadrones famélicos de “militantes de la ignorancia activa”, cuya más estimable capacidad es su incapacidad para dar en el blanco de la racionalidad básica, sin embargo, se les abona su porfía en subir una y otra vez a la cima la misma roca y verla imperturbables rodar de nuevo por los costillares de su medianía.

Hoy que escribo esta columna, es martes 6 de agosto. Son las seis y trece minutos de la mañana y el que alcanzan a imaginar, encapotado y quebradizo, envuelto en una espesa bruma, era el cielo que vimos amanecer, casi desplomarse en el instante y reventarse y golpearnos a todos sin piedad.

Por instantes adquiere el tono anaranjado de los ocasos y las albas de agosto.

El dólar alcanza su máximo histórico en Colombia: COP 3.459 X 1 USD; se ciernen negros nubarrones sobre la economía colombiana; el crecimiento económico se atasca, la pobreza crece, el desempleo trepa y ni Carrasquilla, el almojarife del califato, tiene la mínima idea de cómo corregirlo.

Tampoco ha dado con la cura la receta que el presidente Duque prescribió para todos esos males ni ha producido efecto alguno el remedio: la Ley de Financiamiento para reducir los impuestos a las empresas y otorgarles exenciones billonarias, y el no menos indicado de cambiar el precario modelo económico actual por uno aún menos productivo y light como el vigente, con aroma y sabor a cítricos: la economía naranja.

Como si en las nubes y las atmosferas celestes se anticipara el destino de los humanos y las naciones, cuanto hoy registran como la noticia del día la televisión, las redes, los periódicos y la radio: el desplome del empleo, de los salarios, del precio del petróleo, el déficit en cuenta corriente, el malogro del modelo económico, aparato productivo y economía nacional, entre tantas señales de negativos presagios, fue cuanto nos dejó entrever este cielo recién levantado y sus atmosferas perturbadas de agosto.

Habría que indagar con Mauricio Puerta el significado de esas infaustas señales, con Marte en Leo, y pedirle, que se las interprete al presidente Duque, pues cuanto toca con Carrasquilla, que debería ser el arúspice, es caso perdido: no tiene ni idea.

* Poeta.

@CristoGarciaTap

874907

2019-08-08T00:00:00-05:00

column

2019-08-08T00:00:02-05:00

jrincon_1275

none

Del oficio

10

3584

3594

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cristo García Tapia

Reparar a Sincelejo

¿Cuál retorno de la guerra?

¡Ay, Sucre!, tanta luz y ciegos

Colombia “mal parada”

Los de antes se preparaban