Por: José Manuel Restrepo

Del optimismo al realismo mágico

La verdad, si parecía sorprendente la reacción del Gobierno Nacional a la cascada de revisiones a la tasa de crecimiento de la economía y a la persistente caída de los precios de lo que representa el cincuenta por ciento de los ingresos por divisas del país.

Ante estos hechos, que preveían un crecimiento cercano al 3% para 2015 y con un precio del petróleo en los 50 dólares cuando buena parte de las cuentas del país inicialmente se había realizado con 80, era curiosa la declaración del ministro de Hacienda cuando anunciaba que teníamos las bases sólidas para enfrentar este choque externo, en un llamado a un optimismo ligeramente desbordado, en especial en el corto plazo.

Sin dudarlo, el Gobierno ha venido construyendo un escenario positivo en la economía con sobresalientes disminuciones en la tasa de desempleo y mejoramientos significativos en la formalización laboral, una persistente caída en la tasa de inflación y una reducción de la pobreza absoluta y pobreza relativa que viene de la mano del crecimiento proporcional en la clase media. Todo lo anterior ha permitido que en 2014 Colombia brille en el contexto mundial en su tasa de crecimiento del PIB (siendo una de las cinco economías más prósperas del mundo) y que puntee en el grupo de naciones vecinas en América Latina.

Estos avances dan buena cuenta de una plataforma estructural que permitirá que el país crezca en los años por venir en el mediano plazo, pero esto no significa que tengamos bases suficientes para enfrentar la caída en los ingresos fiscales y el efecto dominó que puede tener el nuevo precio del petróleo y en general de los commodities en nuestra economía.

Sin duda alguna, el efecto petróleo es mucho más que el 5% del PIB que señalaba Hacienda. El petróleo tiene efecto multiplicador en la economía y su caída en precios puede entre otros temas reducir el crecimiento industrial (como ya sucede a diciembre de 2014 cuando cae la industria de refinación de petróleo en un 14,4%), reduce la capacidad de generación de ingresos por regalías para la construcción de obras civiles, disminuye la llegada de inversión extranjera (al representar un 80% o más del total de dicha inversión), motiva destrucción de empleo formal calificado y muy bien remunerado y puede afectar hasta en un 8% los ingresos fiscales estimados para 2016.

Quien no crea lo anterior, basta que relea las noticias económicas recientes para comprobarlo. A diciembre de 2014, cuando aún el efecto no es tan alto por cuanto los precios del petróleo comenzaron a caer en el último trimestre y no tan dramáticamente, la balanza comercial pasa de un superávit de 2.200 millones de dólares en 2013 a un déficit de más de 6.300 millones de dólares en 2014; por otro lado, el sector petrolero anuncia eventuales recortes de hasta 25.000 empleos (de los 120 mil del sector); algunos otros anticipan que se puede venir un recorte en la tasa de interés de intervención para animar el crecimiento; y se confirma por Minminas que las regalías han caído en por lo menos una tercera parte.

Por eso viene bien y es realismo (y no propiamente mágico) el recorte fiscal que se anunció esta semana por Hacienda (que desafortunadamente privilegia inversión y no gasto público por 6 billones de pesos, es decir, media reforma tributaria) y la urgente conformación de la comisión de reforma tributaria estructural, a quien vale la pena preguntarle entonces si con este recorte anunciado, el hueco fiscal real era de casi 20 billones de pesos (50% más de lo inicialmente expresado).

DE POSTRE: Rechazo e indignación por lo que está sucediendo hoy en Venezuela. A la violación permanente a las libertades individuales y económicas, se suma una violación flagrante a las reglas mínimas de una democracia y al respeto a la oposición. Este hecho merece la atención y expresión sin ambages de la comunidad internacional, de organismos como Unasur y en general de la dirigencia latinoamericana. Hoy sucede en Venezuela, pero si prima el silencio o las expresiones tibias, mañana no nos quejemos de que nos suceda a nosotros.

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