Del PDA al bloque histórico alternativo

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El Polo Democrático ha sido el emprendimiento más ambicioso de convergencia de fuerzas de cambio desde los años 60 del siglo pasado en el país. El Polo protagonizó avances extraordinarios en el papel de las fuerzas alternativas comenzando por el triunfo de Lucho Garzón en octubre de 2003 para la Alcaldía de Bogotá mientras fuerzas progresistas triunfaban en países vecinos.

El Polo congregó en el segundo lustro del nuevo siglo a la inmensa mayoría de fuerzas de izquierda y democráticas, incluida una amplia franja liberal, partidarias de la paz política y de hacer realidad la promesa de Estado Social de Derecho contenida en la Constitución de 1991, en un marco de soberanía y autodeterminación nacional, teniendo muy presente la perspectiva integracionista regional. Ese propósito quedó plasmado en el Ideario de Unidad uno de los textos antológicos de la política colombiana contemporánea.

Este auspicioso proyecto político, que más que un partido era un frente, tuvo cinco años de auge y diez de descenso hasta el actual momento en que las fuerzas que aún quedaban en su seno, lideradas por los Senadores Jorge Robledo e Iván Cepeda, deciden separarse sin trauma para responder a lecturas distintas del acontecer político y de su inmediato, posible y deseable, desenvolvimiento.

Los problemas que no solucionó el Polo, es preciso que encuentren solución en una nueva iniciativa de articulación de fuerzas por el cambio con vocación de victoria. Se requiere hoy una fuerza plural muy amplia que canalice las aspiraciones de cambio de la sociedad, que recree la praxis política y que sea capaz de direccionar –política, técnica, cultural y éticamente- los gobiernos elegidos por nuevas mayorías. Lecciones para aprender las hay muchas a raíz de la experiencia de los gobiernos progresistas en América Latina.

Decir Polo parecería adscribirse a un esquema de polarización cuando esta categoría es empleada por las derechas que estigmatizan a quienes se indignan con su fracasada conducción, o por las posiciones de centro que no logran comprender que frente al régimen autoritario y de fascismo social, de extrema corrupción y cínico abuso de poder, lo que hay no es otro extremo igualmente repudiable sino un abigarrado y valeroso movimiento democrático de resistencia con inéditas expresiones culturales, sociales y políticas. El calificativo de polarización para el ellos y el nosotros actualmente en escena es equivocado porque solo conduce a impedir que se conforme el gran bloque histórico alternativo.

Con un mínimo de capacidad de asombro, de luz en la retina, es preciso asumir que constituyen avances y acumulados de enorme valor el Acuerdo de Paz suscrito entre Estado y FARC-EP, las oleadas de protesta social que se vienen sucediendo, el desarrollo y consolidación de un centro político, verde en gran parte, que gobierna hoy a Bogotá y a otra decena de las más importantes ciudades del país, que la segunda vuelta en 2018 ya no fue entre dos opciones del statu quo, sino que se perfiló claramente -con Colombia Humana y aliados- una opción alternativa que obtuvo más de 8 millones de votos, que a las pocas semanas casi 12 millones de ciudadanos y ciudadanas votaron la consulta anticorrupción, que una Misión de Sabios delineó el horizonte de un nuevo país y que el Presidente que encargó ese trabajo engavetó sus conclusiones.

A ello se agrega la nada despreciable circunstancia de que el inspirador y responsable central de una forma mafiosa y criminal de hacer política y de gobernar está hoy asediado por el recto proceder de la justicia, al tiempo que el gobierno que fue elegido con su conducción deja ver, cada día con mayor evidencia, su ilegitimidad e incapacidad.

Nunca se habían visto condiciones favorables semejantes a las de hoy para un bloque histórico renovador con capacidad de desplazar al bloque de la vieja política. Conveniente insistir en que no se trata solo de cohesionar a las izquierdas, sociales y políticas. Lo que está surgiendo es un poderoso impulso convergente alrededor una idea común de democracia de alta intensidad -integral, profunda, transparente, universal, no neoliberal, no patriarcal, no depredadora de la naturaleza- entre expresiones liberales, socialdemócratas, izquierdistas y aun revolucionarias.

Algo particular de enorme importancia: no son solo fuerzas del país urbano las que están tomando iniciativa, son fuerzas provenientes de la Colombia profunda, de los territorios donde tienen asiento comunidades y culturas ancestrales, indígenas, afrodescendientes, raizales y campesinas; ellas toman la palabra y avanzan incontenibles en forma absolutamente pacífica.

Sorprendente, admirable, que miles de indígenas en multicolores chivas se trasladen desde remotos rincones a la Capital de la República, y posesionados de su plaza central, con la silla vacía del principal invitado, le expliquen al país la agenda que proponen para recrear la nación: vida, democracia, paz y territorio codifican su propuesta, no es solo protesta.

El movimiento de transformación democrática en ascenso es un movimiento policlasista, de sectores populares y medios, de franjas sensibles y conscientes de clases altas, de sectores empresariales y también de sectores de la fuerza pública retirada que intuyen la posibilidad de un cambio sin trauma, persuadidos de que llegó el momento de abrazar el civilismo y dejar atrás el guerrerismo.

Un abanico grande de precandidatas y precandidatos alternativos al Congreso y a la Presidencia de la República están dedicados, al tiempo que dan a conocer sus aspiraciones, a hacer una pedagogía para incentivar el surgimiento de un nuevo sentido común y a construir una direccionalidad incluyente, o hegemonía de nuevo cuño, que sean el soporte del bloque y del pacto histórico que transforme a Colombia. El Polo en su nueva etapa será pieza clave de esta delicada arquitectura. Se transita del Polo al Bloque Histórico como bien los están explicando los líderes y lideresas alternativos.

Espejo poderoso constituyen para el pueblo colombiano los extraordinarios avances de las últimas semanas protagonizados por los pueblos boliviano y chileno y muy posiblemente del mismo signo sean los  resultados de las elecciones que se realizan justo el día de hoy en los Estados Unidos.

Partió a su viaje definitivo Horacio Serpa el liberal, el demócrata, el luchador infatigable por la paz política, el copresidente de la Asamblea Constituyente de 1991. Ante diversas y grandes dificultades en la vida del país en los últimos 50 años, siempre hubo la expectativa de que Serpa contribuía con salidas favorables a la democracia. Desde esta orilla alternativa mis sinceras condolencias para su familia, sus colegas constituyentes y la gente de Barranca primera en sus afectos.

Llega a Bogotá la peregrinación por la paz y por la vida protagonizada por integrantes del partido de la rosa firmantes de la paz en 2016. Dos centenares y medio de asesinatos de antiguos guerrilleros ahora dedicados a labores económicas, sociales y políticas absolutamente pacíficas no se explica sino por un designio de muerte que el país y el mundo rechazan y reclaman superar. NO más muerte! Bienvenidos caminantes de la paz!  luis.sandoval.1843@gmail.com

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