Por: Mario Fernando Prado

Del sicariato de la internet

EL TEMA, A PESAR DE LO RECUrrente, no pierde ni importancia ni actualidad. Y tiene que ver con los comentarios que en las páginas web de los periódicos y revistas suelen hacer los ciberlectores, quienes opinan libremente acerca de los artículos de sus columnistas.

Mi última colaboración en El Espectador, publicada el pasado viernes, versó acerca del problema indígena que azota al departamento del Cauca. Con el estilo propio del Sirirí expuse mi opinión sobre el particular de manera frentera y dando la cara, como siempre lo he hecho durante más de 20 años que llevo en esta actividad.

Lo allí escrito despertó la ira y el intenso dolor de algunos lectores, quienes manifestaron su abierto rechazo a lo allí expresado. Curado de espanto, como ya estoy, tomé esos comentarios como gajes del oficio restándoles importancia a los improperios y las alusiones a mi madre y a mi origen, y a las falsas sindicaciones de que he venido siendo víctima dentro de un perverso complot que pretende socavar mi buen nombre.

Sin embargo, el pasado martes, a las diez de la mañana, recibí una llamada a mi celular proveniente de un número no identificado, en la cual me notificaban que había sido declarado objetivo militar y me vaticinaban que mis días estaban contados. En varias oportunidades he sido amenazado y en dos ocasiones el Estado me ha colocado sendos escoltas.

A Dios gracias y como lo pueden ver —o leer—, nada me ha sucedido. Sin embargo, los términos de esa llamada, sumados a los comentarios por la columna de marras me han puesto a pensar en la conveniencia de seguir siendo un escritor público, quien por dar su opinión es condenado a muerte y condenado previamente por unos supuestos jueces que se parapetan en el anonimato.

¿Vale la pena ser carne de cañón por el solo hecho de no compartir las opiniones de un puñado de lectores que se esconden, repito, que insultan y que tiran la piedra y esconden la mano?

En esta ocasión no pediré protección alguna ni tampoco la aceptaré. Preferiría, en tal caso, o dejar de escribir por cobarde, temeroso o precavido. O seguir escribiendo mas por osado, valiente o suicida. Estamos en la era del sicariato de la internet y del callar las plumas con plomo.

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