Por: Lorenzo Madrigal

Del voto y del veto

¿NO SERÁ QUE LA FACULTAD DE LA que está haciendo uso la Corte Suprema de Justicia, con su demora para elegir Fiscal General, es, ni más ni menos, que una potestad de veto?

La designación del fiscal es y seguirá siendo compleja. Un poder nominador compuesto le asigna a la Corte la elección del fiscal, de terna que le propone el Presidente. Hasta aquí está claro, pero resulta que para efectos de su elección en la Corte, el candidato debe contar por ley con un número determinado de votos: dieciséis, ni uno menos. Y hasta ahí llegamos.

No se fija un tiempo determinado para decidir ni se reduce el número de votos, de modo que en una última ronda pueda darse una mayoría relativa. Nada de esto; dieciséis votos y punto.

Ahora bien, si es asunto de votación eso significa que los magistrados tienen libertad de escoger y si, pues, se exige una cifra precisa de votos sin límite temporal para finiquitar la decisión, ello quiere decir que la indeterminación, el aplazamiento y la interinidad es algo que tiene origen en la misma ley y ni modo de quejarse.

Después de muchos episodios de votación y pasado un tiempo más que prudencial, lo que estamos viendo es un claro rechazo o veto, ya no por inviabilidad de la terna, sino por falta de consenso colectivo para elegir a uno de los tres y, en consecuencia, el conominador debería remozar la propuesta.

Otro asunto que inquieta es el de la interinidad, de la que mucho se habla, la que, como acabo de decir, es consecuencia de la misma ley y de su rígida exigencia electoral y, por lo tanto, procede de las mismas instituciones.

Y, bueno, para algo existen los reemplazos. Sobra estar llamando a los funcionarios con el apelativo de interinos. Son reemplazos y paradójicamente lo son en propiedad, para hacer las veces de aquellos que no pueden estar o entrar en funciones.

Aquí no ha pasado mayor cosa. El fiscal, que llaman encargado, se ha desempeñado con una actividad y rigor como cualquier titular o mejor. Si se entendiera que la actitud remisa de la Corte es sencillamente la expresión de un veto, las cosas volverían con facilidad a la normalidad.

Todavía en el fulgor de los primeros días, el nuevo mandatario podría darse la pela de nombrar ternados frescos, por encima de las dificultades políticas, frente a la que fuera última voluntad del fenecido gobierno anterior, que no acaba de irse.

Comparación odiosa. El presidente norteamericano comparó a Colombia con México “democracia amplia y progresiva”. Cuando en México, con quien mantiene una oprobiosa frontera, gobernaba el PRI y cada presidente designaba su sucesor, Obama, todavía muchacho, se la pasaba en Honolulú esperando el avión.

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