Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Delimitado Sumapaz, ¿ahora qué?

Acaba de completarse la delimitación del páramo de Sumapaz, uno de los más importantes de Colombia, no sólo por su extensión sino también por su ubicación y la relevancia que tiene en el abastecimiento de agua para Bogotá y sus áreas circundantes.

La delimitación del Sumapaz coincide con la implementación del Acuerdo de Paz y en esta, como en muchas otras regiones del país, la salida de las Farc ha permitido nuevas formas de ocupación. Quienes han estado siempre, en paz y en guerra, son los campesinos paramunos, que, protegidos por la ruana, buscan hacer simbiosis con el ecosistema desde hace muchos años. Con la paz, y a pesar de los discursos gubernamentales conservacionistas, en las narices de autoridades e instituciones, los tractores de los empresarios de la papa están prendidos y destruyendo la vegetación de páramo para dar paso, en extensiones cada vez mayores, al monocultivo de la papa.

Como dice el profesor Ernesto Guhl, la principal amenaza en el suministro de agua para Bogotá es el cambio climático, y ese fenómeno afecta también la vegetación de páramo y su aporte como regulador hídrico. Las nuevas circunstancias nos obligan a poner mayor atención y renegociar las condiciones de ocupación y manejo de los páramos. El diálogo con los campesinos que desde tiempo atrás habitan estos parajes es indispensable.

No es suficiente decir que queremos conservar los páramos; debemos ser eficientes y efectivos y definir cómo y con quién. El mundo natural nos aporta o nos afecta según como lo tratemos, y hoy la prioridad social es impedir que avancen los tractores. Debemos acordar cómo vamos a conservar y recuperar los páramos, asegurando la permanencia y la seguridad alimentaria del campesino paramuno y a la vez respondiendo al reto social que significa la conservación de la fuente de agua para millones de colombianos.

En los páramos, la función ecológica de la propiedad es el componente principal de su función social. La conservación es la actividad prioritaria en las zonas de páramo y el desplazamiento de las familias campesinas no puede ser parte de la estrategia.

Una parte del páramo está para ser conservada, la otra para ser restaurada, y en ese propósito los campesinos deben participar y beneficiarse, y los cultivos y el ganado deben restringirse sólo al autoconsumo. Por sabrosa que a los colombianos nos parezca la papa de páramo, no podemos impulsar el desplazamiento de los cultivos de papa en estos ecosistemas. Partes del área que ahora está en ganadería extensiva deben recuperarse y, con asesoría del Instituto Humboldt, trabajar para que los campesinos devenguen parte de su ingreso por cultivar frailejones. Recuperar la vegetación nativa es la actividad productiva de mayor rentabilidad económica y social.

Los usuarios urbanos del agua debemos transferir recursos financieros a manera de compensaciones por prestación de servicios ecosistémicos al campesino paramuno. Una razón más para reglamentar el decreto de pago por servicios ambientales que acaba de aprobarse.

En las cuentas de cobro del agua de los bogotanos debe separarse y hacerse explícita la parte que se transferirá a los campesinos y que está asociada a la conservación de la fuente de agua.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Legislación ambiental, no referente ético

Ambiente medio para un clima caliente

El clima alerta a Estados Unidos

Cuencas, aguas y Plan de Desarrollo

Reformando las CAR