Por: Iván Mejía Álvarez

Delincuentes

Vuelve y juega. Las “bestias” están nuevamente de moda por sus actos delictivos, por sus bajos instintos, por la manera brutal como se comportan.

Las “bestias”, disfrazadas con camisetas de cualquier color, siguen atropellando la razón y alejando a la gente decente que desea asistir a fútbol, a un espectáculo deportivo, y no está dispuesta a someterse al vandalismo, los atropellos, la locura desenfrenada y a jugarse la vida en medio de las bataholas que provocan en algunos estadios la conducta de los delincuentes que se hacen llamar hinchas.

Sucedió con los seguidores  del Real Cartagena hace una semana en la capital de Bolívar. Atacaron a la Fuerza Pública, invadieron el campo, querían linchar al juez del partido en el que su equipo perdió contra el Medellín. Heridos, ataques a las instalaciones y a la autoridad, pasó de todo y nada sucedió en el juzgamiento de las autoridades  competentes. La disculpa es que los hechos se produjeron en las afueras del estadio.

También pasaron cosas graves en Neiva con motivo del juego Huila-Santa Fe. Agresiones, destrozos en las inmediaciones del estadio, un hincha muerto en extrañas circunstancias en la vía hacia Neiva. Ni una sola palabra. Ni un vocablo de la comandancia policial ni de la deportiva.

Y volvió a suceder este fin de semana con unos delincuentes vestidos de verde y blanco que arrasaron Armenia y sus alrededores. Borrachos, drogados, con un arsenal que incluía armas blancas, botellas, pistolas y otros elementos, los delincuentes de dos facciones de la “barra brava” del Nacional se dedicaron a agredirse primero entre ellos y después contra la Policía. Terrible, las imágenes de la televisión fueron dramáticas y le dieron la vuelta al mundo pues se vieron en varios países.

Basta, hace mucho tiempo que las autoridades policial y deportiva debieron haber iniciado una tarea de repudio y control a estos asesinos esquizofrénicos que amparados en la inacción de las autoridades han convertido los estadios y las vías por donde pasan en manadas de animales salvajes.

La dirigencia del fútbol y las autoridades policiales y gubernamentales no pueden seguir haciéndose los “pelotas” con lo que está sucediendo. Prohibir los desplazamientos masivos, limitar su ingreso a los estadios, fichar y reseñar judicialmente a los cabecillas, buscar medidas de verdad serias y eficientes. Algo tienen que hacer los encargados de vigilancia.

Y después se preguntan por qué la gente se está alejando de los estadios. Miren, no más, las imágenes de Armenia y cuéntenos si quieren ir al estadio con sus hijos.

 

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