Por: Nicolás Uribe Rueda

Delinquir en Grupo

UNO DE LOS REQUISITOS NECESArios para que el Estado pueda derrotar la delincuencia es saber la naturaleza y la forma de operar de las bandas que combate.

 A los raponeros no se les persigue de igual manera que a los apartamenteros, ni a éstos de forma similar que a los vendedores de droga en las esquinas. A cada cual según su condición, es también en la lucha contra los bandidos una premisa indispensable.

Pues bien, las famosas bacrim se han apoderado de la atención de los colombianos. Y lo hicieron sin que se precisara su naturaleza. Por no llamar a las cosas por su nombre, terminamos por meter cuanta manifestación delincuencial existe en un concepto etéreo y general, ininteligible, en donde hay de todo, menos la claridad que se requiere para saber de quién se trata y cómo se combate. El término Bandas Criminales no define sino que confunde, pues en él se engloban muchas posibilidades delictivas: bacrim son sin duda las que componen narcotraficantes, pero también las de sus testaferros, y por supuesto las agrupaciones de paramilitares y guerrilleros reinsertados. Seguramente las Farc también es una o varias bacrim, como lo son también las organizaciones de secuestradores, de comercializadores de armas, de lavado de dinero y hasta las milicias urbanas que nos tenemos que aguantar ahora haciendo estragos en las universidades. Los carteles de la contratación son una bacrim, y de las más poderosas, pues también están entre sus socios uno que otro político, como sucede con ‘paras’ y guerrilla.

El propio Gobierno en reciente debate en el Congreso sostuvo que este tipo de bandas “se constituyen en organizaciones de carácter multidelictivo, carentes de tipología contrainsurgente, política o ideológica, no constituyen un movimiento nacional, que se despliegan hacia zonas donde convergen las fases del narcotráfico, llegando incluso a consolidar alianzas con grupos terroristas (Farc y Eln) y con organizaciones delincuenciales comunes, con el propósito de dinamizar el tráfico de drogas, armas, el lavado de activos y otros delitos”. Es decir que a ciencia cierta no sabemos sino dos cosas de las nuevas bandas criminales que han sido calificadas como la más grande amenaza delincuencial de nuestros días: que son autores de todo tipo de delitos y que cuando actúan lo hacen en grupo.

Y mientras alguien logre averiguar quiénes son estos bandidos o por qué los tratamos de combatir en su conjunto, y específicamente cuál es su modus operandi, vamos a tener que aguantar también a algunos próceres con agenda política y sin responsabilidad patriótica que andan jurando que las bacrim son paramilitares reencauchados o corruptos agentes del Estado, simplificando irresponsablemente la realidad que presenciamos. Para combatirlas, para negar su estatus político, y hasta para aplicar a sus víctimas la ley que sobre la materia se tramita en el Congreso, tendremos que saber con más detalles quiénes son verdaderamente estos bandidos, y así poder diferenciar cada una de sus manifestaciones criminales. Hasta tanto no tengamos eso claro, seguiremos presenciando esta grave amenaza para el Estado y sus ciudadanos.

Twitter: @NicolasUribe

 

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