Por: Daniel Pacheco

Demagogia al cuadrado

EN COLOMBIA SE HA HABLADO MUcho de la importancia del debate sobre cómo se hace la política, a partir de las caricaturas de Mockus y Peñalosa. Bajo un test similar se ha venido midiendo últimamente también la figura del vicepresidente Garzón y el tema promete ser recurrente en las elecciones a la Alcaldía de Bogotá.

Sin embargo, al final no está claro de qué estamos hablando, o si realmente el debate dado hasta ahora sea tan sustancial como se ha dicho. Algo muy desafortunado, pues cuestionar las prácticas ilegales en la política y las tradiciones que han hecho de esa actividad un círculo cerrado de compromisos y prebendas es una tarea crucial en el país.

Por eso es frustrante que la discusión no haya podido superar el punto de los lugares comunes. Peor aún es que éstos sirven hoy como elementos enjuiciadores de todo lo “politiquero”, “incoherente” o “demagogo”, sin aportar mucho para resolver los problemas puntuales, más allá de añadir su dosis propia de demagogia de la demagogia.

En el debate de aspirantes a la Alcaldía en Caracol Radio, Peñalosa soltó una perla en esta dirección. El candidato de una alianza probable entre el Partido Verde y la U declaró la necesidad de que “jamás haya un nombramiento por recomendación política, que sólo vaya gente por mérito”.

Como si las dos cosas fueran excluyentes, Peñalosa, quien de ganar la Alcaldía tendrá que incluir en su equipo a personas de la U, se ve empujado a volver con esas frases mentirosas, pero probadas para la eficacia electoral. ¿Recuerden la primera campaña presidencial de Uribe?

De esta forma, las buenas intenciones de generar cambios y controles para que los políticos hagan mejor su trabajo se están disparando en el pie. Todos los políticos están contra la politiquería, desde Mockus hasta Moreno de Caro.

Buena parte de la responsabilidad de que este debate se haya degenerado la tienen los que primero lo empezaron. El rechazo a todo lo que significaba la política tradicional se ha convertido en un axioma de principio que no reconoce los frutos positivos que ha dado, en medio de sus muchas manzanas podridas. ¿Invalidan los Visionarios la Ley de Víctimas porque haya sido apoyada por el PIN?

Para salir de este barrial no hace falta mucho. Con un poco de flexibilidad uno podría entrar a discutir los límites, por ejemplo, de los favores políticos y nombramientos que carecen de mérito, o de los detalles de una alianza, para asegurar su transparencia. Se podría regular mejor la participación en las campañas de los privados y tramitar públicamente la adhesión de clientelas.

Pero hablar así se volvió pecado. El que osa mencionar matices fracasa en el test de la inmaculada ética pública. Todo lo que diga a partir de entonces es la justificación del atajismo responsable de todos los males en Colombia.

Desafortunadamente, lo que empezó como un gran debate está hoy, parafraseando al Lincoln, vistiendo las ideas menores con palabras mayores.

danielpachecosaenz@gmail.com

 

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