Por: José Fernando Isaza

Democracia es más que el gobierno de las mayorías

EL FRENTE ISLÁMICO DE SALVACIÓN tenía como objetivo, si ganaba las elecciones en Argelia, suprimir la democracia e imponer un régimen fundamentalista. En 1990 obtuvo el 65% de los votos en las elecciones municipales y en 1991 ganó la primera vuelta de las presidenciales. La respuesta a este hecho fue un autogolpe, al cual siguió una guerra civil. Todavía se debate si el gobierno actúo correctamente, al impedir que por medios democráticos se suprimiera la democracia.

Un aspecto fundamental de la democracia es la separación de los poderes. En Colombia la separación del Ejecutivo y el Legislativo es tenue, la capacidad de “convicción” del Ejecutivo ha permitido la aprobación de sus iniciativas, en particular en las que tiene interés personal, como la reelección. La Constitución del 91 buscó hacer más nítida la separación de poderes: como no contemplaba la reelección de los magistrados de las altas cortes, de los miembros de la Junta del Banco de la República y del Consejo Nacional de Televisión, se ajustaron en tal forma que el Presidente no podía nombrar las mayorías, ni designar indirectamente al Fiscal ni al Procurador. La reelección hace desaparecer los chequeos y controles, pilar fundamental de la democracia.

En Alemania, la consolidación del nazismo se realizó con el apoyo mayoritario de los electores, los referendos de apoyo a Hitler y al nazismo superaban el 90%, pero esa mayoría no constituía una democracia. Algo similar ocurrió en Chile bajo Pinochet, y en Cuba, que está lejos de ser una democracia, las elecciones respaldan al gobierno en cifras que superan el 95%; igual puede decirse del estalinismo, o de la religión fundamentalista islámica.

Una democracia es totalmente respetuosa de los derechos de todos los ciudadanos, incluyendo los opositores. En particular debe garantizar el debido proceso y no interferir en las decisiones judiciales. Los juicios en los Consejos Comunales recuerdan a los césares romanos en el Coliseo condenando o perdonando a sus enemigos.

Los mitos religiosos recuerdan que no siempre las mayorías eligen bien al momento de juzgar, “¿A quién preferís que libere a Jesús o a Barrabás?”. Las detenciones ordenadas desde un Consejo Comunal transmitido por televisión tienen el sabor de una invitación al linchamiento. Esto es independiente del grado de inocencia o culpabilidad del acusado; existen mecanismos y procedimientos para obtener órdenes de captura y judicializar a los sospechosos. Órdenes de detenciones, dadas en público a un general de la Policía, dejan mal parada la democracia colombiana, aún si las mayorías aprueban estas acciones.

La tesis del coronel Ñungo, “Más vale un inocente preso que un culpable libre”, es contraria a la democracia. Es bueno recordar que en Colombia todavía las órdenes de captura las emite el poder judicial y no el jefe del poder ejecutivo y militar.

Una democracia debe buscar igualdad de oportunidades para quienes compiten por el poder. El reparto de dineros del Estado, como si fuesen del Presidente en los Consejos Comunales a meritorios programas masivos, independiente del beneficio de éstos, es lo más parecido a una compra de votos con fines electorales.

La difícil construcción institucional de Colombia se está echando por la borda, la Constitución del 91 no consideró la posibilidad de reelección indefinida. Ante el falso dilema estalinista, propuesto por las Farc, y autoritarista y militarista del Gobierno, ¿por qué no apostarle más a la democracia y a los derechos ciudadanos?

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

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