Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Demografía, tema ambiental central

La población y la demanda de recursos naturales hacen evidente que el crecimiento demográfico es una variable determinante que amenaza la estabilidad ambiental del planeta.

Tema que con urgencia tiene que llamar la atención de los líderes políticos del mundo, incluidos los religiosos, que en esto tienen gran influencia.

Quizás el tema demográfico fue uno de los pocos aspectos que fueron tratados de manera política e ideológica y no técnica ni científica, en la reciente encíclica “Sobre el cuidado de la casa común”, del papa Francisco. En esto, el papa privilegió lo ideológico, descartando lo tecnológico y lo empírico.

Al tratar el tema demográfico se basó en el compendio de la doctrina social de la Iglesia sin generar una propuesta innovadora. En el Capítulo Primero, “Lo que está pasando en nuestra casa”, al hablar de la Inequidad Planetaria, afirma: “si bien es cierto que la desigual distribución de la población y de los recursos disponibles crea obstáculos al desarrollo y al uso sostenible del ambiente, debe reconocerse que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario. Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas”.

A mi entender, para enfrentar el problema de degradación ambiental global que estamos viviendo debemos, simultáneamente y con el mismo vigor, enfrentar el consumismo extremo, la desigualdad, la producción contaminante y el crecimiento poblacional.

Coincido plenamente con la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos) en su Programa de Acción Global cuando dice: “A lo largo del siglo XX, la población mundial se ha más que cuadruplicado y sigue aumentando en unos 80 millones cada año, por lo que puede duplicarse de nuevo en pocas décadas. Es preciso por ello valorar el papel de esta explosión demográfica, junto al hiperconsumo de una quinta parte de la humanidad, en la actual situación de auténtica emergencia planetaria, así como reclamar la desaparición de las leyes que criminalizan en muchos países los medios mal llamados «anticonceptivos». Medios gracias a los cuales las concepciones pueden ser el fruto de decisiones responsables y no la consecuencia indeseada del desconocimiento o de la imposición de fundamentalismos religiosos que exigen asociar sexualidad exclusivamente a procreación”. Considero que con esto queda dicho lo más importante respecto a la necesidad de que las doctrinas religiosas se actualicen frente a una realidad mundial que no podemos desconocer.

Naciones Unidas, desde 1992, al aprobar en la Cumbre de la Tierra el documento titulado Programa 21, en su capítulo cinco sobre Dinámica Poblacional y Sostenibilidad, hace claros planteamiento respecto a la necesidad de controlar el crecimiento poblacional como parte de una política global para avanzar en temas de sostenibilidad, y propone: “permitir que los hombres y las mujeres tuvieran el número de hijos que desearan, en consonancia con su libertad, su dignidad y sus valores personales”. De manera reiterativa, en diferentes informes, Naciones Unidas retoma el tema. La pregunta es: ¿Por qué este asunto ha sido abandonado por el gobierno de Colombia y no está incluido en el actual Plan Nacional de Desarrollo?

*Miembro Consejo Nacional de Planeación. @Juparus

 

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