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Solamente en el fin de semana que terminó, los tenistas Juan Sebastián Cabal y Robert Farah se coronaron campeones del torneo de maestros de Roma, el ciclista Egan Bernal ganó el Tour de California y el jugador de squash Miguel Ángel Rodríguez se impuso en la final del Abierto Británico, convirtiéndose en el primer latinoamericano en hacerlo en lo que se considera el Wimbledon de ese deporte. Al mismo tiempo, un puñado de connacionales se batían como titanes en el Giro de Italia, en el que Supermán López lidera la clasificación de los jóvenes, y James Rodríguez jugaba la final de la Copa de Alemania.

Ya es una bella rutina registrar los triunfos y la presencia de deportistas colombianos en la élite mundial. Es el resultado de años de construcción de una cultura cada vez más ganadora y competitiva, pero también de la inversión pública y privada, acompañada de estrategias serias por parte de algunas federaciones.

Pero tenemos el deber de cuidar y mejorar nuestro deporte. Se gestiona un nuevo proyecto de Ley del Deporte que no deja satisfecho a un amplio sector de los deportistas quienes han sido, como siempre, excluidos de la elaboración de su contenido, dejándolos en clara inferioridad ante la dirigencia.

En España ha sido elegido Luis Rubiales como presidente de la Real Federación Española de Fútbol. Rubiales es un exfutbolista que hasta hace poco era quien tenía a su cargo el sindicato de jugadores. En Argentina, la Federación de Tenis quedó en todos sus cargos directivos en manos de exdeportistas. El nuevo presidente, Agustín Calleri. Esto para citar solo un par de casos exitosos en los que los más importantes de este cuento, los deportistas, son tenidos en cuenta en la toma de decisiones. El mundo camina en esa vía, pero Colombia no, y sería bueno saber cuál es el miedo que hay en la mayoría de federaciones por hacerlo.

También se discute la creación del ministerio del deporte, que sería una gran idea en la medida en que no se convierta en un edificio en el que se consuma en cargos burocráticos el siempre estrecho presupuesto nacional destinado al deporte.

Es innegable que este gobierno ha apostado por el deporte mucho más que sus antecesores, pero mucho menos de lo que merece un país que quiere construir una generación más semejante a los valores que promueve. Llama la atención que el deporte no es importante en la agenda de ningún candidato. Apenas Duque y Fajardo lo han mencionado con algo de seriedad.

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