Por: Cartas de los lectores

Deprimente espectáculo

Nos sentimos complacidos con la creación de la Corte Constitucional por la Constitución Política de 1991 y, especialmente, porque entre sus funciones, posiblemente la de mayor significación, no podía ser ninguna otra que “la guarda de la integridad y supremacía de la Constitución” de la República de Colombia, en cuanto Estado social y democrático de derecho.

Pero, desafortunadamente, de un tiempo para acá, por distintas razones, no propiamente jurídicas, se han hecho evidentes y patentes vicios y procedimientos que desdicen de la majestad de la justicia y de algunos de quienes han sido investidos del más alto cargo de la magistratura en nuestro país.

El deprimente espectáculo de dimes y diretes, aun con bajezas idiomáticas, que vienen dando a nivel de medios de comunicación el exmagistrado Nilson Pinilla y los magistrados Alberto Rojas Ríos y Jorge Pretelt, nos deja pasmados, por decir lo menos, independientemente de lo que haya hecho o dejado de hacer cada uno de ellos en su vida privada, en el ejercicio de la profesión de abogado o en el desempeño de sus funciones.

En este momento, ante tan desalentador espectáculo, recordamos al jurista español Ángel Ossorio y Gallardo (Madrid, 1873-Buenos Aires, 1946), quien en su obra El alma de la toga señaló que cuando los pueblos “viven épocas de conquista o de defensa armada, es natural que en ellos predominen los guerreros”, pero agrega que “cuando no atraviesan tales etapas excepcionales sino tiempos de paz y de acomodo, necesariamente han de buscar fórmulas jurídicas para vivir, y, al efecto, requerirán a quienes tengan capacidad para proporcionárselas”, sin que esto sea “trazar la política”, pero sí servirla competente y éticamente.

Dicho jurista también señaló, en la obra citada, que “se puede vivir sin belleza, sin riqueza y hasta sin salud”, se vive mal, posiblemente, “pero se vive”, mientras que “sin justicia no se puede vivir”, porque ante un clima de odios y venganzas, así como de expoliaciones, el imperio del más fuerte y la barbarie reinarán.

Si frente a las ambiciones de la extrema derecha belicista, pendenciera, agresiva, intolerante y retaliadora, preferimos los postulados de paz, de concordia y de tolerancia, en las pasadas elecciones presidenciales, ahora le pedimos públicamente al señor doblemente exmagistrado Nilson Pinilla, de quien recibimos clase en un diplomado de casación penal en la Universidad de Ibagué, y a los otros dos magistrados que, al menos, por un momento, depongan sus armas y sus argumentos, para que frente al conflicto armado interno, cuya desmovilización requiere del máximo de tranquilidad, puedan discutir sus diferencias dentro del marco del respeto a la dignidad humana.


Rafael Aguja Sanabria. Ibagué.

 

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