Por: Thomas Palley

Derrotar a los barones del petróleo

EN LOS DIECIOCHO ÚLTIMOS MEses, los precios del petróleo se han más que duplicado, lo que ha infligido costos enormes a la economía mundial. Una fuerte demanda mundial, debida a las economías en ascenso, como China, ha contribuido en parte, indudablemente, al aumento de los precios, pero la escala de esa brusca subida supera los factores de la oferta y la demanda, lo que indica el papel desempeñado por la especulación y subraya la necesidad de adoptar medidas normativas para limpiar el mercado del petróleo.

La mayoría de los economistas rechazan la idea de que la especulación sea la causante del aumento de los precios, lo que refleja su fe en los mercados. Según sostienen, si la especulación fuera de verdad la causa, deberían haber aumentado las existencias de petróleo, porque unos precios mayores reducirían el consumo y obligarían a los especuladores a acumular petróleo. El hecho de que no hayan aumentado las reservas de petróleo exonera a los especuladores petroleros.

Pero el panorama es mucho más complicado, porque la demanda de petróleo es extraordinariamente poco sensible a los precios. A corto plazo, resulta técnicamente difícil ajustar el consumo. Por ejemplo, la eficiencia en materia de combustible de todos los automóviles y camiones es fija y la mayoría de los viajes no son discrecionales. Aunque unos precios mayores de los tiquetes aéreos puede reducir las compras, la aerolíneas sólo reducen el consumo de petróleo cuando cancelan vuelos, lo que ilustra un detalle fundamental: a corto plazo, la reducción de la actividad económica es la forma principal de disminuir la demanda de petróleo. Así, pues, a falta de una recesión, la demanda ha permanecido en gran medida inalterada a lo largo del año pasado.

Además, es relativamente fácil aplazar la reducción del consumo de petróleo. Los consumidores pueden reducir el gasto en otros artículos discrecionales y utilizar ese ahorro para pagar precios mayores de la gasolina. El crédito puede colmar temporalmente los agujeros en el presupuesto de los consumidores. Aunque el auge de la vivienda en los Estados Unidos -que ayudó a ese respecto- concluyó en 2006, la deuda de los consumidores sigue aumentando y la Reserva Federal de los EE. UU. ha estado haciendo todo lo posible para fomentarlo. En consecuencia, de momento la economía de los EE. UU. ha podido pagar el impuesto petrolero provocado por los especuladores.

Lamentablemente, resulta difícil demostrar que la especulación es la causante del aumento de los precios, porque suele producirse en los momentos de auge, con lo que los aumentos de precios se disimulan fácilmente como reflejo de los factores económicos fundamentales, pero, al contrario de lo que afirman los economistas, las existencias de petróleo sí que revelan indicios de especulación. De hecho, las existencias presentan niveles históricamente normales y un diez por ciento mayores que hace cinco años. Además, con los precios tan altos del petróleo, las existencias deberían haber disminuido, dados los fuertes incentivos a reducir las reservas. Entretanto, The Wall Street Journal ha informado que las empresas financieras están dedicadas intensamente a alquilar capacidad de almacenamiento de petróleo.

El problema primordial es que ahora los mercados financieros pueden movilizar decenas de miles de millones de dólares para fines especulativos, lo que ha permitido a los operadores dar colectivamente con una estrategia consistente en comprar petróleo y revenderlo rápidamente, mientras los usuarios finales se adaptan a unos precios mayores... situación agravada por el gobierno de Bush, que no ha cesado de suministrar petróleo a la reserva estratégica de los EE. UU., con lo que ha inflado la demanda y ha ofrecido una capacidad suplementaria de almacenamiento.

A falta de un cambio en las convicciones de los operadores, la brusca subida actual de los precios del petróleo sólo será interrumpida por una recesión que agote la capacidad de los consumidores para amortiguar la subida de los precios o cuando el lento proceso de substitución del petróleo surta efecto. De modo que con el tiempo los factores económicos fundamentales acabarán con la especulación, pero entretanto la sociedad habrá pagado un alto precio.

Mientras los especuladores petroleros han ganado, las economías estadounidense y mundial han sufrido y se han visto muy próximas a una recesión. En el caso de los EE. UU., una gran dependencia del petróleo importado ha empeorado el déficit comercial y ha debilitado aún más el dólar.

Este panorama, que da mucho que pensar, requiere una nueva reglamentación de la concesión de licencias que limite la participación en el mercado del petróleo, ponga límites a las posiciones comerciales permisibles y un aumento de los depósitos mínimos en los casos en que sean viables. Lamentablemente, dados los principios económicos establecidos, la aplicación de esas medidas resultará muy cuesta arriba.

Pero algunas medidas populistas unilaterales son posibles. Una forma importante de almacenamiento de gasolina es la de los depósitos de los automóviles. Si los conductores dejaran de llenar el depósito y se las arreglaran con medio depósito, provocarían inmediatamente una menor demanda de gasolina, lo que, dada la falta de capacidad de almacenamiento, reduciría rápidamente los precios y provocaría grandes pérdidas a los especuladores.

*Ex economista jefe en la Comisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China, es autor de Post-Keynesian Economics ("Política poskeynesiana").

Project Syndicate 1995-2008

 

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