Por: Eduardo Sarmiento

Derrumbe del sector exportador

La producción industrial lleva seis meses con caídas persistentes de 10 por ciento.

Los círculos influyentes se niegan a entender la crisis mundial. Los índices generalizados de deterioro de la economía se rechazan diciendo que eso ya pasó y que todo está bien. Los efectos de la economía mundial se minimizan aduciendo que el país está blindado por el sistema bancario, que no ha sufrido las pérdidas y los descalabros de otras regiones.

La realidad es muy distinta. El deterioro de la actividad económica, que se inició en el primer semestre de 2008, se ha venido incrementando sistemáticamente. En el cuarto trimestre de 2008 la economía cayó cerca del 1% y en el primer trimestre de 2009 sucedió algo similar, y de acuerdo con la información parcial, en el segundo trimestre se agravará.

La producción industrial, que es uno de los índices más confiables y tiene ramificaciones con todas las actividades, lleva seis meses con caídas persistentes de 10%. En abril y mayo las exportaciones y las importaciones cayeron más de 25%.

Los funcionarios gubernamentales, los centros de estudios cercanos y los gremios se equivocaron en materia grave.

Dieron por hecho que los trastornos mundiales se originaban en el quiebre de una burbuja financiera, y como esto no se reflejaba en las quiebras bancarias de otros lugares, concluyeron que el país estaba blindado a los acontecimientos externos. Pero el desorden financiero no era más que una de las manifestaciones de un desbalance mucho más general. La verdadera raíz de la crisis es el derrumbe del orden económico internacional, y al final habría de adquirir la forma de un colapso del intercambio comercial, como se observa a lo ancho y largo del mundo.

El país es especialmente vulnerable en un contexto de esta naturaleza por la revaluación que viene de atrás, su alta dependencia en las exportaciones de recursos minerales y la concentración de las ventas en Estados Unidos, Venezuela y Ecuador. El hecho de que la cuantiosa caída de las exportaciones provenga especialmente de Estados Unidos, es una advertencia de que el drama se encuentra a medio camino.

Las exportaciones a Venezuela están representadas en buena parte por la sobrefacturación; las ventas en toneladas, que son las que cuentan para la producción y el empleo, registran caídas considerables.

Por lo demás, las alzas de los aranceles adoptadas recientemente en Ecuador, sin ninguna consideración con el país, afectarán una amplia gama de productos colombianos. Al colapso mundial de las exportaciones y la revaluación se adicionará el deterioro de las relaciones comerciales y diplomáticas entre los vecinos.

La debacle mundial en la forma más reciente se asemeja a las crisis cambiarias de América Latina. El choque externo provoca una caída de las exportaciones que contrae la demanda efectiva e induce a las empresas a recortar las importaciones de materias primas y bienes de capital.

Las economías quedan expuestas a excesos de ahorro sobre la inversión y a restricciones de la balanza de pagos que le introducen un componente estructural que prolonga las recesiones y hace muy compleja su corrección. Las políticas indiscriminadas subsanan una deficiencia a cambio de agravar la otra.

Frente a este panorama no se vislumbra un diagnóstico comprensivo ni propuestas elaboradas de política. La gestión económica corre por cuenta del TLC, que a pesar de no haber sido aprobado, es una camisa de fuerza que resta toda flexibilidad a la política cambiaria y comercial, y del FMI, que conmina a elevar los recaudos tributarios y a reducir el déficit fiscal en momentos en que la población carece del ingreso para adquirir los bienes que produce.

Mientras se persista en estas prioridades en contravía de la realidad, las tendencias deplorables del comercio exterior y de la industria seguirán su marcha. El producto nacional continuara registrando índices negativos y en el año completo descenderá con respecto al anterior.

Lo que se plantea en circunstancias de cierre de los mercados internacionales y desplome de la demanda es un manejo selectivo que actúe en forma armónica sobre los dos frentes.

Es necesario aumentar el déficit fiscal, financiarlo con emisión y orientarlo a aumentar el gasto público intensivo en mano de obra, al igual que intervenir el tipo de cambio y modificar la estructura arancelaria, en coordinación con los vecinos, para sustituir las importaciones del resto del mundo por la producción nacional, afianzar el intercambio interregional y ampliar los mercados internos.

 

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