Desafío del Verano ’20

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Muchos colegios de América Latina, y casi todos los de Norteamérica y Europa, acaban de terminar el año escolar, y eso significa que a millones de jóvenes les espera un verano largo y tedioso. A la vez, sus padres están rascándose la cabeza, pensando en qué van a gastar el tiempo sus hijos, pues son casi tres meses muertos. En esta época unos suelen viajar, otros van a campos de verano, otros juegan con amigos del barrio y otros buscan un empleo temporal. Pero debido al COVID-19, ahora nada de eso es posible. Con campos cerrados, trabajos perdidos, viajes prohibidos, distanciamiento social y uso forzoso de máscaras, las opciones son contadas. Y como tantos acaban de concluir clases virtuales, a pocos les interesa tomar más cursos a distancia.

Pero todo problema oculta una oportunidad, y esta crisis del COVID-19, curiosamente, ofrece una valiosa oportunidad para el verano. Y también un desafío. Porque sería una lástima que se desperdiciaran estos meses haciendo poco o nada, perdiendo el tiempo viendo series banales de televisión, jugando videojuegos o chateando por teléfono.

Podríamos decir que este es el Desafío del Verano ’20.

Mediante este desafío, cada joven, digamos entre los 13 y los 20 años, puede alcanzar una poderosa sensación de realización en este tiempo.

¿En qué consiste? No se trata de hacer cosas al azar, sino con cierta disciplina y en busca de un sentido, para que al cabo del verano cada joven pueda mirar atrás y decir: Yo hice esto. O terminé esto. O logré esto. Cosas que seguro jamás habrían hecho si el virus no hubiera alterado nuestra existencia.

La idea es tener una agenda, flexible pero ojalá con horarios para organizar el día y con metas claras. No son tareas tediosas sino actividades divertidas, que sean un placer realizar. Al cenar en familia, cada una de esas metas y jornadas se podrán comentar y compartir.

Esa agenda abre opciones, dependiendo de los intereses de cada uno. Por ejemplo, cada día el joven puede aprender a tocar un instrumento musical, un idioma o una receta nueva de cocina. O puede ver una película, pero no una al azar; sugiero ver, en orden, todas las que han ganado el Óscar a mejor película del año. Quizá alguien dirá que tal año esa película no debió de ganar la estatuilla, sino tal otra. Pero cada ganadora es excelente, y tendrá cierto mérito cultural verlas todas. O leer los 20 mejores libros o las mejores novelas cortas de la historia. O cada día leer el editorial y una columna de opinión de su diario favorito. O cada día estudiar, en orden histórico, una de las 100 obras más importantes del arte. O cada día completar una sesión de yoga o atletismo. O cada día aprender una danza nueva en TikTok. O ayudar a limpiar una calle del barrio. O preparar comida para los necesitados. O recoger fondos y escribir cartas para promover una causa social. Etc.

Se pueden combinar estas metas, desde luego, para hacer varias al día. La mayoría se puede hacer en casa y sin grandes gastos. Pero lo ideal sería hacerlas con cierta seriedad, para que al final del verano la persona pueda afirmar con orgullo: No desperdicié mi tiempo, sino que lo aproveché para lograr esto o lo otro. Luego el joven les podrá preguntar a sus amigos: ¿En qué consistió tu Desafío del Verano ’20? Y ojalá las respuestas sean espectaculares.

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