Desagrado de C. Ll. De la F.

No pueden imaginar el  profundo desagrado que tuve al leer una “crónica” sobre la familia Vives, que está encabezada por un recuadro que hace de un hampón un político prestigioso respecto del cual el mal llamado periodista ni siquiera adelantó una elemental investigación para recordar cuántas veces y por qué estuvo preso y otras actuaciones miserables de ese despreciable individuo.

Además, tiene el atrevimiento de calificar de “irregulares” algunos actos del Incora, agregando que al final del debate “los parlamentarios oficialistas lograron la aprobación de una proposición absolutoria para (sic) Peñalosa” olvidando las falsificaciones de documentos y otras irregularidades del canalla calumniador, puestas de presente por Alfonso López Michelsen, ministro de Relaciones Exteriores.

Agrega ese exponente del nuevo periodismo que “la Anapo fue una reacción a los malos manejos de Peñalosa y del Incora”, según un pasquín de Valledupar.

Dos páginas para engrandecer a Vives y calumniar al Gobierno de mi padre me obligan a preguntarme si este despliegue insólito hace parte del nuevo estilo de El Espectador, que ya perdió en el pasado muchos lectores por cuenta de esta ralea de escritorzuelos.

No sobra agregar que el mencionado escrito se produjo en medio de la celebración del Centenario del nacimiento de mi padre, lo cual lo hace deliberadamente ofensivo.

Si ese ignorante y mal intencionado plumífero está en la planta del diario les agradecería tomar nota de que cancelo desde ya mi suscripción.

Lamento que un periódico que dirigí y cuya vida salvé caiga en estos chismes de ignorancia y de mala fe.

Carlos Lleras De la Fuente.

Bogotá.

Manual de estilo

En mi calidad de profesora del área de expresión escrita de la carrera de Comunicación Social y Periodismo en una universidad de Bogotá me encuentro, por decir lo menos, estupefacta ante la información publicada por este prestigioso diario el pasado domingo acerca de la creación de un “manual de estilo para periodistas” elaborado por la oficina de prensa de la Presidencia de la República de Colombia. Más que la elaboración del manual, me preocupa sobremanera la intención del señor presidente Uribe Vélez de “obsequiarlo” a las facultades de periodismo de las universidades colombianas. No se necesita ser muy perceptivo para captar que no se trata de una altruista reacción del Mandatario, sino otro de sus tantos intentos de someter a su poderoso control a todos los espacios de la vida nacional.

Después de la evidente salida en falso de la semana anterior, cuando el señor Uribe ordenó a la fuerza pública “de ser necesario” incursionar en las universidades a sangre y fuego, y de la campaña que se montó en algunos medios para desprestigiar a los representantes de los movimientos estudiantiles del país, ahora nos llega este nuevo ataque que propone una incursión en las aulas, más velada pero igualmente peligrosa, por parte del ejecutivo. Está muy claro que al Presidente no le preocupa en este momento para nada la forma como se está cubriendo la información de Palacio, dado que la mayoría de los medios se ajustan perfectamente a sus caprichos y a sus manejos; quizá su preocupación, ahora que pretende perpetuarse en el poder, son las nuevas generaciones y esa es justamente su intención, la de seguir “moldeando” a los futuros periodistas con su dichoso manual.

Aprovechando la tribuna de éste, uno de los pocos medios independientes que quedan en el país, hago un llamado a quienes tenemos la responsabilidad de guiar a estas nuevas generaciones para no permitir que este tipo de documentos se imponga en las facultades de comunicación del país.

Victoria Elena González Mantilla Bogotá.

Ley de Justicia y Paz

La Ley 975-05, De Justicia y Paz, comenzó su decadencia a los pocos meses de su promulgación precisamente por la impotencia endémica que sufre nuestro estado social de derecho, al que la delincuencia atroz del paramilitarismo ha tenido “arrodillado” hasta la sumisión.

Ahora, con la extradición de los principales líderes de las más crueles masacres de nuestra olvidada y desprotegida población se ha dado el paso definitivo para concluir en su colapso total, pues los tres argumentos que la sustentaban en su Art. 4º: VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN  han quedado desintegrados,  pues sin VERDAD Y REPARACIÓN no puede haber JUSTICIA, llegando a la más estruendosa impunidad, que sin duda afecta los derechos humanos, quedando las miles de víctimas, conocidas y anónimas, en el total desamparo. 

Pablo Contreras. Bogotá.

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