Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Desarrollo agrario o espacio rural?

Para los ambientalistas, el avance y consolidación del proceso de paz es fundamental, pues como lo dice el “Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, firmado en Cuba: “El desarrollo económico, con justicia social y en armonía con el medio ambiente, es garantía de paz y progreso”.

Después de los discursos de la partes en Oslo, surge la pregunta y la necesidad de precisar a qué se refiere el acuerdo cuando habla sobre una ‘Política de desarrollo agrario integral’, primer punto de la agenda para avanzar en el proceso.

Si nos remitimos al acuerdo firmado en Cuba, el concepto de desarrollo agrario integral hace referencia al acceso y uso de la tierra, al manejo de tierras improductivas, a la formalización de la propiedad, a la fijación de frontera agrícola y protección de zonas de reserva, al desarrollo de infraestructura y a la adecuación de tierras, a la necesidad de estímulos para la producción agropecuaria y la economía solidaria y cooperativa; a asistencia técnica, subsidios, crédito, generación de ingresos, mercadeo de productos agropecuarios y formalización laboral, y al sistema de seguridad alimentaria. Todo lo anterior en el marco de un desarrollo con enfoque territorial. En síntesis, el Acuerdo se refiere al tema de la propiedad del suelo para uso agropecuario y a la dinámica y desarrollo del sector agropecuario, y no a todo lo que sucede en el espacio rural.

Márquez, en su discurso, pronunciado en representación de las Farc, después de presentar algunas cifras respecto del uso del espacio rural en temas asociados a minería y uso agropecuario, entra a tratar el tema del desarrollo agrario integral y retoma el tema de la estructura de la tenencia de la tierra, la desigualdad y la violencia en el campo como las razones fundamentales del levantamiento armado de las Farc. Luego hace referencia al ‘concepto tierra’ y dice que, según las Farc, éste va más allá de lo relacionado con lo agrario y que encierra los temas centrales del país, dado que está ligado al territorio, al subsuelo y al ‘sobresuelo’. Luego se refiere a la propuesta de Ley general agraria y de Desarrollo rural. Afirma que éste es “un proyecto de reordenamiento territorial concebido para abrirle campo a la economía extractiva en contra de la economía campesina, en desmedro de la soberanía alimentaria y del mercado interno, al superponer el mapa minero-energético sobre el espacio agrícola” y hace referencia puntual a algunas explotaciones minero-energéticas.

Sin entrar a discutir si los planteamientos de Márquez son o no validos, es evidente que, en el Acuerdo General inicial, en el tema de desarrollo agrario integral no se incluyeron todos las actividades económicas que se realizan en el espacio rural. Temas como minería y tratados de libre comercio podrían ser retomados como parte de una propuesta en una futura campaña política de las Farc, pero su resolución, según el contenido del Acuerdo General, no debe ser un impedimento para llegar a un acuerdo de paz.

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