Por: Arlene B. Tickner

Descifrando los comicios en Estados Unidos

Estados Unidos atraviesa uno de los momentos más enrarecidos y alarmantes de su historia reciente. Las divisiones en su interior —manipuladas y agravadas por el ocupante actual de la Casa Blanca y por la extrema derecha— han llevado a la sociedad a un punto peligroso de intolerancia y violencia, tanto retórica como física, que ya no se esconde en los márgenes sino que ocupa el centro mismo de la vida cotidiana y la política.

Pese a lo anterior, en las elecciones de mitaca de ayer participaron números récords de mujeres, personas de color, LGBT, veteranos de guerra y primíparos, mayoritariamente demócratas; habrán hecho historia los candidatos afroamericanos Stacey Abrams y Andrew Gillum, en caso de ganar las gobernaciones de Georgia o Florida; podrán haberse vuelto “azules” varios estados tradicionalmente “rojos”, como Texas, y votaron tal vez más personas que en décadas, dada la conciencia colectiva de lo que está en juego.

Aunque escribo estas líneas sin conocer los resultados definitivos, la historia y las encuestas sugieren que los republicanos perderán el control de al menos una de las cámaras legislativas, algunas gobernaciones y otras tantas legislaturas estatales. Lo más probable es que los demócratas hayan recuperado el control de la Cámara de Representantes y que el Senado haya quedado en manos republicanas. Por más que el voto genérico para el Congreso haya favorecido a los demócratas en un 7 % y la desfavorabilidad de Trump sea mayor a 50 %, el triunfo de éstos no habrá sido contundente. A ojos de muchos estadounidenses, la situación económica y política del país no está nada mal, por más que exista una crisis moral palpable. Además del crecimiento económico, hay desempleo bajo, los salarios suben, se renegoció el Nafta y el Estado Islámico está derrotado, todo lo cual es desconocido por el partido de la oposición y lo hace ver como mal perdedor. No menos importante, la estrategia electoral de Trump de cultivar ansiedad cultural y miedo xenofóbico mediante la satanización de la caravana de migrantes, la militarización de la frontera con México y la demonización de los medios tuvo el efecto de reenergizar las bases republicanas.

Dependiendo del tamaño de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y su líder, que puede no ser la veterana Nancy Pelosi, se enfatizará la necesidad de retornar al debate inteligente y al trabajo bipartidista en temas como infraestructura y precios de medicamentos. Sin embargo, el objeto central será investigar a Trump y ejercer control y veeduría. Aunque un proceso de impeachment podrá descartarse por contraproducente, es probable que se exija al presidente hacer públicas sus declaraciones de renta con miras a revelar posibles conflictos de interés con países extranjeros, incluyendo Rusia.

Pasados estos comicios, la atención se volcará ahora hacia los presidenciales de 2020. Para estos, cualquier demócrata que aspira ganarle a Trump —quien seguramente buscará la reelección si no aparecen trabas legales en el camino— deberá juntar cualidades en apariencia contradictorias, pero dicientes de la coyuntura que vive Estados Unidos. Entre estas, una preocupación genuina por la decencia y la civilidad, un mensaje de optimismo e unidad pero con actitud de pugilista, y habilidades mediáticas, campo en el que Trump ejerce todavía pleno dominio.

 

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