Notas al vuelo

Descuento que valga

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Mientras persiste la zozobra global por la irrupción del coronavirus, algunos gobiernos y empresarios ponen a funcionar estrategias para reactivar las actividades y servicios turísticos, tan seriamente golpeados por la larga sequedad de viajeros que produce la presencia de la pandemia. La necesidad -en varios casos dramática, como la de aquellos destinos cuyas economías tienen marcada dependencia de esta industria- obliga a promover recetas consecuentes con las deprimidas condiciones del mercado, un tratamiento paliativo en el sobresaltado camino hacia la nueva normalidad.

Son tiempos difíciles, sin precedentes, en los que el turismo se encuentra paralizado y el sector encauza esfuerzos hacia tácticas de corto plazo que, poco a poco, le permitan salir del atolladero. Dentro del catálogo de alternativas puesto sobre la mesa para atraer clientelas se ofrecen desde amenities VIP para los turistas, hasta significativos descuentos en tarifas aéreas y hoteleras, deducciones fiscales y reembolsos a contribuyentes e, incluso, pruebas gratis de Covid o seguros de viaje que cubren las eventuales contingencias de las cuarentenas.

En la aviación comercial desde meses atrás, cuando en China se apaciguaba el brote, los vuelos domésticos se reanudaron lentamente y como estrategia de ventas se redujo el valor de los boletos a montos increíbles. Un trayecto entre Beijing y Yantai, de 700 kilómetros de distancia, pasó a valer tan solo once dólares, precio que aún sostienen algunas aerolíneas subsidiadas por el Estado. Siguiendo el esquema, Huaxia Airlines, aerolínea regional privada, promete asientos vacíos por el costo de uno para garantizar la distancia entre los pasajeros, y Air Chagan comercializa paquetes familiares que les permite a sus miembros volar hasta doce veces al año a un precio reducido.

La estrategia asumida por la casi totalidad de las aerolíneas ha sido abrir la puerta a la flexibilidad para el cambio de fechas y destinos sin cargos adicionales -como las diferencias tarifarias o el cobro de penalidades por cancelaciones-, con el propósito de promover la compra de tiquetes bajo la modalidad de vuelos reprogramables durante el tiempo que dure la emergencia sanitaria.

Pero, así como las tarifas resultan ser un anzuelo útil para pescar usuarios, reanudar el servicio de aviones apilados en los hangares y empezar a reactivar los flujos de caja, el ofrecimiento de garantías sanitarias para responder por la protección de los pasajeros es otro gancho comercial. Emirates, la aerolínea basada en Dubai, cubre los gastos de salud y de aislamiento a los viajeros que se infecten como consecuencia de un viaje hecho por la compañía y otras tantas incluyen en el coste del boleto un seguro para coronavirus y kits con elementos de bioseguridad.

Las cadenas hoteleras no se quedan atrás en esta búsqueda de iniciativas para atraer viajeros, reinventándoles las experiencias dentro del novedoso contexto turístico. El centenario Hotel Alhambra Palace, en Granada, obsequia a los huéspedes almuerzo típicos en su terraza con vista al monumental complejo arquitectónico de palacios, jardines y fortalezas que tiene la ciudad. Y la Asociación de Hoteles de Cancún, Puerto Morelos e Isla Mujeres lanza la promoción «Ven a Cancún 2×1», incluso, con la posibilidad de ofrecer descuentos en los tiquetes de avión.

El Barceló Hotel Group sacó de la manga el programa We Care About You, que ofrece servicio de telemedicina en todos sus establecimientos, y el Hard Rock Hotel, en Tenerife, otorga descuentos exclusivos a los residentes de las Islas Canarias, donde, precisamente, la Consejería de Turismo cerró un acuerdo con AXA España para la aplicación de una póliza de asistencia de viaje que ampare a todos los turistas que lleguen a sus costas.

De manera temporal y mientras el mercado comienza a calentarse, en la costa búlgara del Mar Negro se bridan servicios gratuitos, Japón cancela parte de los gastos de los viajeros que recorren el país e Islandia recibe a los visitantes con una prueba gratis de Covid-19. Sicilia paga la mitad del pasaje aéreo y el Gobierno italiano aprueba una deducción fiscal a los turistas y un paquete de estímulos por 4.000 millones de euros, que incluye subvenciones a familias con bajos ingresos anuales para ser utilizadas en los hoteles locales.

Por esta parte del planeta, el Senado estadounidense tiene en punto de ebullición un crédito fiscal, llamado Explore América, a través del cual se reembolsaría hasta US$4,000 a los contribuyentes por sus gastos de vacaciones dentro del país, incluidos hoteles, restaurantes, entretenimiento y transporte, mientras Uruguay, donde se mantiene un buen status sanitario en relación con el coronavirus, diseña un paquete de promociones e incentivos fiscales para sus residentes, que contempla descuentos en el IVA y otros beneficios para los turistas extranjeros.

Los países, algunos aún con la pandemia a cuestas y otros sometidos a la virulencia de rebrotes, le apuestan a la concesión de beneficios a los viajeros, mediante la aplicación de estrategias de ventas, impensables antes de la pandemia, cuyo fin es estimular de preferencia las corrientes locales, sin perder de vista las foráneas.

Echar mano de herramientas promocionales y de marketing turístico, en las que participen gobiernos y sector privado, tiende a generar un primer impacto con efectos positivos para ir superando la atípica coyuntura. Sin embargo, las ofertas y promociones en los servicios, además de mostrarse novedosas, deben estar soportadas por campañas funcionales y responsables que atraigan a los turistas y les garantice la confianza y la seguridad de que el riesgo de contagio en el destino es mínimo.

En medio de la pandemia y cuando en algunas regiones volver a la nueva normalidad es un tema discutible, la mejor promoción turística consistirá en ofrecer ante el mundo un territorio de riesgo controlado, con el cumplimiento de estrictos protocolos de bioseguridad. La competencia de los países por atraer turistas se avivará en los próximos meses y para los que no implementen soluciones sanitarias eficientes… ¡no habrá descuento que valga!

Posdata: El escenario más pesimista sobre la crisis del turismo internacional tiene como base un freno de 12 meses, lo que costaría alrededor de USD 3,3 billones, traducidos en el 4,2% del PIB global. Si la interrupción dura hasta fin de año, las pérdidas alcanzarían los USD 2,2 billones, equivalente al 2,8% del PIB mundial, según la Organización Mundial del Turismo.

gsilvarivas@gmail.com

@Gsilvar5

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