Por: Andrés Marocco

Desde la casa

Siguen matándose los hinchas en Colombia. La sangre de la violencia social que se ha derramado en medio de esta guerra civil de más de 40 años parece que no basta. Ahora la moda es que la pasión del deporte más querido por los colombianos se desborde y se convierta en asesina.

Seguimos copiando lo malo y tarde. Pero las reacciones  tristemente siempre han sido iguales. El problema no parece ser tratado con profundidad. Los sabios de siempre insisten en que la solución es poner cámaras y judicializar. Traer más policías al estadio disfrazados de ‘Robocop’ para intimidar y atrapar a los revoltosos. Convertir los escenarios en comisarías móviles es lo que piden a gritos algunos que evidentemente no tienen idea del origen del asunto.

Claro, los que son realmente malos hay que someterlos al proceso pertinente de justicia, pero nadie es capaz de reconocer que lo que está pasando nació mucho más atrás, en el mismo momento en que se juntaron en este país la desigualdad y la injusticia como primer paso a ver si salvamos los que tienen arreglo. Todos tenemos algo de culpa por nuestra indolencia demostrada hacia las reacciones violentas de una juventud que no parece entender lo que es la tolerancia, entre otras cosas por la intolerancia.

Nos convertimos, además, en las últimas décadas los que seguimos el fútbol, en borregos que hicimos eco de la agresividad de un estilo de periodismo que acrecentó las diferencias regionales y odios de camiseta. Y ahora les hacemos caso otra vez a los ‘expertos’ y todos pedimos que atrapen a los violentos ya y nos quiten el problemita de encima. La solución está en seguir trabajando en iniciativas como ‘Goles en Paz’.

Se necesitan padres que respeten también a sus hijos con sus aretes, tatuajes, pelo largo, música estridente y amor por su equipo e hijos que entiendan que sus progenitores son diferentes, pero que quieren lo mejor para su futuro. Vecinos que no insulten porque el de al lado se le fue la mano con el volumen en el cumpleaños y más gente dispuesta al cambio. Estoy seguro de que hasta los reyes del discurso destructivo que llevan 20 años tratando de acabar con nuestro deporte preferido, podrían contribuir con alguna iniciativa positiva. Todos podemos ayudar para no dejar que esto se siga saliendo de las manos. Claro que hay que variar leyes y acomodarse a esta situación, pero lo primero es recuperar la casa, que si no existe desde su base, ¿cómo podrá volver con todos sus integrantes al estadio?

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