Por: Columnistas elespectador.com

Desde Londres

Estos son mis terceros Olímpicos como jefe de misión y debo confesar que la expectativa que tengo es mayor que en mi estreno, en Atenas 2004.

De la soledad de los primeros días, que podría desencantar a cualquier desprevenido primíparo, hemos ido pasando a un mundo fascinante, en el cual ciudadanos de todo el mundo se confunden en un solo país, idioma y credo.

Primero, las maravillas de Londres, que se aprecian en los escasos instantes en los cuales hay espacio para mirar, así sea de perfil, mientras adelantamos nuestras tareas en la organización. Además, la Villa Olímpica, el Parque Olímpico; el Centro Excel para combates, conformado por siete coliseos; el mall, en el centro de la ciudad, en donde se realizarán pruebas de ciclismo de ruta, marcha y maratón; los centros de prensa principales y alternos de cada escenario, en fin, todo aquello construido y acondicionado para ser la sede del certamen más grande del universo.

Todos ellos, hasta ahora, han sido monumentos a la modernidad arquitectónica al servicio del deporte, muchos producto de una tarea que respeta el medio ambiente y la sostenibilidad, por cuanto gran parte del Parque Olímpico fue construido con materiales reciclados de la zona industrial de Stratford, antes deprimida, hoy vital para el futuro de la capital londinense.

Pero lo que ha dado fuerza a nuestra vida en los Olímpicos, a menos de cuatro días del comienzo, ha sido el elemento humano, que poco a poco le imprime los ingredientes de las multiculturas. El comedor de los primeros días era un inmenso galpón, tan grande como una cancha de fútbol, lleno de comida de todas las gastronomías, pero silencioso. Esta semana es otra cosa: un maremágnum de sonidos que se esparcen por todos lados. Ya se encuentra un pequeño grupo de atletas colombianos que han empezado a llegar, colmados de ilusiones: Danilo Caro, Ana Rendón, Daniel Pineda, Yuri Alvear, Yadinis Amarís, Saskia Loretta Van Erden, Paula Medina, Wanner Miller, Santiago Grillo y Andrey Quintero. El domingo llegó una de las estrellas, Caterine Ibargüen, quien se sigue consolidando como una de nuestras más firmes esperanzas. Con todos ellos hemos compartido los primeros instantes de su vida en la Villa Olímpica y podemos certificar la emoción que les ha causado formar parte de este privilegiado mundo olímpico.

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