Desde Tumaco

Aprovechando las crónicas de El Espectador del domingo, las de Enrique Rivas, María Camila Peña y en este caso, la de Juan David Laverde, desde Tumaco, he querido detenerme en una frase suelta, citada por Laverde: “Desde que haya música y televisor a la gente se le olvida que no comió antier”. El periodista nos cuenta que la frase es de un policía que guarda el anonimato.

Colombia, un país al borde del delirio patriótico y de la euforia de lo que algunos llaman “el posconflicto”, se olvida de sus muertos y de sus vivos. Tumaco, tierra de futbolistas, olvidada por todos desde tiempos coloniales, es hoy una muestra cruel y palpable de la corrupción administrativa y de la indolencia de tantos “buenos colombianos” que marchan masivamente por secuestrados, pero que difícilmente lo harán por desplazados, desaparecidos, torturados, asesinados y demás seres que no caben en las 25 páginas que la frívola revista de vanidades francesas, Paris Match, le dedicó a Íngrid Betancourt por ser francesa.

Ni reír ni llorar, sino comprender, pedía siempre el filósofo holandés Baruch Spinoza. Ardua tarea a la que suele contribuir El Espectador, en defensa de la laicidad y de las libertades públicas. Comprender por qué Tumaco es un tsunami social permanente no es posible desde el populismo del Gobierno actual y de todas las derechas más o menos solapadas que lo sostienen. Es posible, a través de la historia de Doña Martina, contada al mejor estilo de The New Yorker, por Laverde. La foto de doña Martina, tomada por David Campuzano, capta el instante, las entrañas moribundas de una mujer olvidada por el tiempo.

A diferencia del estilo tecnocrático y frío (estadístico) de las “aventuras” de Sergio Fajardo por la Colombia que él apenas descubre, los periodistas de El Espectador nos brindan miradas vivenciales y críticas de las formas de vida de los habitantes del país. ¿Cuántas pancartas, camisetas, banderas, pendones y botones hubo ayer por la “libertad” e “igualdad” de doña Martina? ¿Cuántos franceses cantaron con Íngrid, Juanes y compañía, La Marsellesa, el Himno de Colombia y la Camisa Negra por la “fraternidad” a favor de un plato de comida para Ana Patricia Solís, cuyo hijo murió de hambre? Ya lo decía Cortázar: “Cincuenta francos vale un libro de lujo con fotos de niños hambrientos del tercer mundo. Por cincuenta francos la diversión en casa”.

Pedro Escudriñez.  Tumaco.

Correlación de fuerzas

El columnista Julio César Londoño publicó, en El Espectador, su columna “Otro pelele” donde hace un “sesudo” análisis de quién debería ser nuestro canciller. En su planteamiento denigra de los últimos ministros de Relaciones Exteriores, casi señalándolos como minusválidos mentales y desconocedores de la política exterior colombiana. Incluso es de la concepción que la política exterior es de personalidades y no tanto de Estados.

En la forma como se aborda el tema, se le olvida al señor Londoño que la correlación de fuerza entre los Estados es más decisiva que “las personalidades” que el columnista propone. Que a pesar que Colombia “está de moda a nivel internacional” no deja de ser un país con poca capacidad de imponer decisiones en el concierto de naciones, así se coloque en la cartera exterior al colombiano más importante y mejor conocido mundialmente.

Guillermo de La Hoz Carbonó.  Bogotá.

 

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