Por: Jaime Arocha

Desdicha genealógica

EN LA UNIVERSIDAD NACIONAL, LA antropóloga Mara Viveros coordina una investigación sobre un tema inusual para las ciencias sociales del país, a saber, el desenvolvimiento de la gente negra como parte de las clases medias.

Dentro de ella, Franklin Gil escribió una tesis de maestría muy aleccionadora, a la cual le dio el título de “Vivir en un mundo de blancos. Experiencias, reflexiones y representaciones de ‘raza’ y clase en personas negras de sectores medios en Bogotá, DC”.

Gil enfoca una angustia particular, la que causa el racismo. Basándose en Franz Fanon y Victorien Lavou, demuestra que la cotidianidad de hombres y mujeres afrodescendientes puede transcurrir en medio de esa “desdicha genealógica” debida a la forma como juegos infantiles o pedagogías menos inocentes instauran el supuesto referente a que “más que descendientes de pueblos africanos, las personas negras son descendientes de esclavos”. De la magnitud de esa desdicha da cuenta la idea que tuvo Faustino Asprilla: pintarse de blanco, a ver “si el problema [era] mi color o [era] yo”. Gil muestra que como tantas otras personas negras, Asprilla se hallaba ante la “fatalidad de no poder existir socialmente por fuera de una subjetividad racializada”.

No obstante sus altos niveles educativos y de ingresos, cada día, las mujeres y hombres entrevistados enfrentan desdenes, marginaciones, expectativas de sexualidades laxas, muecas y miradas de rencor o sospecha, así como exigencias excepcionales de eficiencia profesional. Ante esas conductas priman reacciones que, entre otras, incluyen el cimarronaje y la sumisión y por las cuales no tienen que optar las personas blancas o mestizas. A la primera la ejemplifica la altivez verbal mediante la cual una joven funcionaria no sólo respondió a la pregunta de si las negras usaban polvos faciales, sino hizo reflexionar a su interlocutor por el racismo que implicaba su duda. En ocasiones, a la segunda reacción puede recurrir otra de las profesionales entrevistadas para defenderse del acoso sexual y de las ofensas que de continuo le hacen por la calle. Como esa especie de empequeñecimiento en el cual puede caer la lleva a consultas terapéuticas sobre el color de su piel y la infelicidad que puede sentir, en la tesis busqué si aquí habría especialistas en tratar la ansiedad causada por el racismo, pero no hallé la respuesta.

Cimarronaje o sumisión antagonizan, pero las aúna un blanqueamiento ineluctable que involucra desde la domesticación de gestos y ademanes, hasta las maneras de maquillarse y vestirse que, entre otras, dictaminan creativas de imagen eurodescendientes que publican revistas como Fucsia, analizada por Gil, junto con otros enfoques de los medios sobre la belleza exotizada de la población negra de clase media y alta. Como instrumentos de movilidad social, hay personas negras que les echan mano a identidades modernas y neutrales en lo étnico. De ahí que se sientan convertidas en objetos exóticos por enseñanzas como las que contempla la Cátedra de Estudios Afrocolombianos introducida por la ley 70 de 1993, imaginando pueblos más que todo rurales y con identidades disidentes de la nacional.

Las clases medias negras, ¿aspiran a acciones afirmativas contra la desdicha genealógica? Esas aspiraciones y los correctivos posibles saldrán con los resultados del trabajo que orienta la profesora Viveros.

* Director Grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Jaime Arocha

Naranja enceguecedora

Fascismo

Conexión rural

Terrible, el Iván

Agua, cuerpo y tierra