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hace 5 horas
Por: Manuel Drezner

Deseos culturales

Hace algún tiempo escribí sobre cuestiones dentro de la cultura que sería deseable que se hicieran en nuestra ciudad, ya que en algunas cosas había un inexplicable retraso con respecto a otras urbes. Sorprendentemente, mucho de lo que deseamos en ese entonces se ha cumplido y gracias a la labor de algunos propulsores de la cultura ya ese retraso es menor. Por ejemplo, en ese entonces deseábamos que se estrenaran en la capital óperas de Wagner y de Ricardo Strauss, que nunca se habían visto en vivo entre nosotros. Pues ya hubo montajes de Tannhauser y de Tristán e Isolda de Wagner, y además tuvimos oportunidad de ver El caballero de la rosa fuera de Salomé, así esta última se diera en una curiosa versión en la que el centro de la obra, la presentación de la cabeza del profeta a la princesa en un plato de plata fuera omitida, con lo cual se tergiversaba lo que quisieron Wilde y Strauss. Mencionaba también omisión de sinfonías de Mahler de la programación de nuestras orquestas, y la Filarmónica presentó un ciclo completo de ellas. Creí que nunca vería en Bogotá Falstaff, la inmensa culminación de la producción de Verdi y aquí estuvo, y con un colombiano en el papel central.

En vista de tanto deseo cumplido, vale la pena ponerse al día y mencionar algunas aspiraciones que se pueden tener. Por ejemplo, las temporadas de ópera de los últimos años han consistido en la presentación de una o dos óperas y sería deseable que se volviera a esos tiempos en que cada año se tenía la oportunidad de tener una temporada auténtica por lo menos con media docena de óperas. Igualmente, que dentro de ellas se presentara la tetralogía wagneriana, una culminación de toda compañía de ópera. Fuera de eso, hay que recordar que en Colombia jamás se ha presentado ninguna ópera rusa y esto se podría compensar con montajes de Boris Godunov y alguna de Tchaikovsky o de Rimsky-Korsakov. Y ojalá que el prometido Wozzeck por fin llegue a las tablas colombianas.

El deseo eterno de que se creen sendas compañías de ballet y de teatro nacionales, que monten los clásicos y lo mejor de las producciones modernas, sería maravilloso. Aquí hubo, en un tiempo, compañías así. Inexplicablemente se dejaron morir, dejando en el aire unos excelentes esfuerzos que no han sido revividos.

Lo anterior muestra que soñar no cuesta nada y que además muchas veces esos sueños tienen probabilidades de convertirse en realidad.

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2020-03-11T09:56:00-05:00

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