Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Deseos para 2008

La Navidad es un buen momento para la convivencia, para buscar el bienestar del otro y para desear cambios en la vida; bien se aplica este espíritu a la realidad nacional, para la cual también podemos soñar con nuevos propósitos para el año que comienza.

En cuanto a nuestro país, algunos cambios  se van a dar y, por lo tanto, no hay que pedir por ellos. Es el caso de las alcaldías y gobernaciones, que traerán nuevas personas y, por supuesto, programas distintos; de todas maneras hay que pedir que a todos estos actores les vaya bien. En Bogotá, no solamente y como es obvio, otras caras aparecerán en la administración de Samuel Moreno, sino que una Primera Dama o Gestora Social -como las llaman ahora- complementará la labor de su esposo y estará presente en temas que pueden tener un alto impacto. En cuanto a programas, por ahora hay que pedirle a “Samu el Alcalde” que continúe la tarea social, pero que aumente la inversión en  áreas como la vivienda y la movilidad, en las que Lucho se rajó.

Para Cundinamarca mi mayor deseo es que, en primer término, haya Gobernador, pues el que está por salir pasó con pena pero sin gloria: con pena, por los malos manejos, y sin gloria, por su desempeño. Gracias a Dios ya hay un buen comienzo, pues Andrés González no solo es un hombre serio y preparado, sino que con el acuerdo firmado en la Cámara de Comercio por el Alcalde y él, para trabajar en propósitos comunes para la región, los pronósticos son positivos.

Para Colombia yo quisiera muchos cambios. En cuanto al Gobierno, es legítimo aspirar a tener movimientos en algunos ministerios ya desgastados, metidos en la inercia de la vida pública y sin nuevas ideas en este mundo cambiante. Es importante contar con  otras personas que no solo traigan propuestas, sino que permitan nuevos aires en este segundo gobierno de Uribe. De igual manera un cambio reclamado es el de aquellas personas que asesoran al Presidente, pues, aunque poco se entiende de lo que pasa, últimamente se le ve con poca calma. Es entonces preciso pedirle a Dios para que a Uribe le llegue más tranquilidad, consejos más sabios y  muchas goticas de las de Elsa Lucía para calmarlo.

En cuanto al Acuerdo Humanitario, hay que pedir para que las partes logren finalmente ponerse de acuerdo, anteponiendo el respeto a la vida y a la dignidad humanas sobre cualquier tipo de interés. Ello requiere más que pedirle a Dios, rogarle por un milagro que no se puede dar, a menos que todos, digo TODOS los colombianos, entendamos que es nuestro problema y que la solución también depende de nosotros. Baste con ver cómo un pueblo como el español da las más impresionantes muestras de solidaridad en las marchas de protesta contra la ETA para entender, por contraste, nuestra apatía. Tal vez entonces mi última plegaria va dirigida a que sobre todo Dios actúe en nuestros corazones haciéndonos seres más humanos y generosos con los demás. ¡Así sea!

 

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