Por: Alberto López de Mesa

Desmovilizados

La presidencia de Iván Duque, por representar al partido político que lidera la oposición a los Acuerdos de la Habana, ha resultado una desgracia para el proceso de paz con las FARC. Ahora priman los intereses de terratenientes, declarados enemigos de la reforma rural integral y se dilata la redistribución de tierras, la JEP ha estado sometida a campañas de desprestigio y acciones que obstaculizan su proceder y se proponen limitar sus competencias, todo orquestado por el Gobierno. Sin embargo, la gran mayoría de los desmovilizados, los directivos y principales líderes del recién creado partido FARC, se mantiene firmes en su propósito de paz, pese a qué desde el 2016 a la fecha, fuerzas oscuras, han asesinado a 123 y desaparecido a 10 desmovilizados de la guerrilla

Se recurre al infundio, a la difamación o a la cizaña para desprestigiar las instancias y los personajes de la paz. Para ello, Jesús Santrich, desde su respuesta chabacana sobre el perdón a las víctimas, luego con la denuncia pública que hizo el ex fiscal Humberto Martínez de la solicitud de extradición, acusado de concertar el envío de 10 toneladas de cocaína a EE.UU., su captura y encarcelamiento, el dictamen probo de la JEP con base en las inconsistencias probatorias, la puesta en libertad, la inmediata recaptura, luego el reconocimiento, por parte de la Corte, del fuero parlamentario, la escandalosa recuperación de la curul en la Cámara y ahora, el abandono del sistema de seguridad, la fuga, el no presentarse a rendir indagatoria, todo con una exposición mediática tan apabullante como parcializada, hacen de Santrich el villano perfecto para que los enemigos de la paz argumenten la nefasta tesis de que la voluntad de paz de las FARC es una farsa.

Los guerreristas nos quieren hacer creer que el comportamiento de Santrich lesiona el proceso de paz y no es cierto, porque son mayoría los excombatientes decididos por la paz, unos fortaleciendo pequeñas empresas de industria agraria, la cooperativa Ecomun funcionando de modo ejemplar,

Varios reintegrándose a la vida civil en sus comunidades originarias, en el congreso los líderes cumplen con honestidad y decoro su misión parlamentaria, y en las regiones ya hay quienes participan limpiamente en el debate político.

En todos los procesos de paz del mundo han existido y existirán las disidencias ante las cuales la acción de la fuerza pública y de la justicia debe ser contundente, a tiempo, se debe impedir que se constituyan en nuevos focos de violencia. Si el estado no fortalece el acompañamiento a los desmovilizados e incumple los acuerdos, nos estaremos arriesgando a que prosperen las disidencias.

La paz de las FARC desmovilizada es concreta, no es un sofisma, la vemos a diario en las regiones, donde mujeres y hombres, antes armados, hoy añoran vivir de la tierra y aportar a la sociedad su saber social, sus productos y su amor de patria.

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