Por: Tatiana Acevedo Guerrero

¿Desmovilizar el sindicalismo?

EN COLOMBIA COMENZÓ A HABLAR-se de "salario mínimo" durante la Hegemonía Conservadora. Desde entonces, se enfatizó en la importancia de las fases de negociación entre patronos y sindicatos.

Tras décadas de presión sindical y de infatigable gestión de personajes de ambos partidos, la concertación del salario mínimo entre gremios y centrales obreras se institucionalizó en los primeros años del Frente Nacional. Trabajadores, ministros y gremios se enfrascaban entonces en acaloradas discusiones, realizando de parte y parte concesiones a regañadientes.

Hoy día es sensato reconocer que estas instancias ya no sirven para nada.

La expresión de hastío en la cara de María Mercedes Cuéllar, presidenta de la Asobancaria, durante la última reunión de concertación salarial lo dice todo. A subir las cejas, a torcer los ojos. Los presidentes de la Andi, la SAC y demás siglas empresariales no fueron a pactar con nadie. Con el tono erudito que tan a menudo asumen los economistas, revelaron su verdad: “el incremento de 3% es el único viable, técnico, científico”. A conversar, pues, a otra parte.

Y es que sobra recordar que las centrales obreras y el sindicalismo perdieron su margen de maniobra. Que tras resistir la campaña de exterminio físico que en su contra puso en marcha el paramilitarismo durante las últimas tres décadas, los activistas se vieron obligados a hacerle frente a la empresa de desprestigio que el gobierno Uribe puso en práctica.

Hoy se habla de cómo voceros de su gobierno, con declaraciones imprecisas, relacionaron el sindicalismo con las Farc y el Eln, sembrando un manto de duda. Pero este es sólo un ejemplo, sobre el que la justicia aún no se decide. Hay otros antecedentes. Cómo olvidar, si no, al ejército nacional repartiendo propaganda para la desmovilización de combatientes en una que otra manifestación de sindicatos agrarios.

Ni en nuestro país, ni en ninguna parte del mundo el sindicalismo es un asunto de ángeles. Pero en Colombia, de un tiempo para acá, hubo quienes lo convirtieron en tema de guerrilleros.

Habrá que ver si el vicepresidente Garzón insiste en hacer la diferencia.

 

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