Por: Salomón Kalmanovitz

Desnutrición

Los problemas de la desnutrición y la anemia endémicas comienzan en el embarazo de las mujeres pobres y, en especial, de las adolescentes que están en etapa de requerir ingestas adicionales de nutrientes para alimentar sus propias necesidades aumentadas.

Las consecuencias de la mala nutrición antes del parto y durante la primera infancia marcarán a los individuos a lo largo de sus vidas en su estatura y masa corporal, rendimiento escolar, vulnerabilidad a las enfermedades, bajos ingresos laborales, propensión al embarazo adolescente y criminalidad.

El encargado de aplicar los programas de cuidado a la primera infancia es el Instituto de Bienestar Familiar, que recauda 0,3% del PIB, $1,7 billones que cuelgan sobre la nómina y que causan desempleo e informalidad adicionales a los elevados niveles que registran.

Se trata de un presupuesto restringido que alcanza una cobertura de entre una quinta y una cuarta parte de los 5 millones de niños que requieren asistencia en términos de desayunos escolares, hogares comunitarios y hogares familiares. Se sabe de más de 900.000 niños que quedan solos en sus hogares durante el día, según el estudio de Raquel Bernal y Adriana Camacho (Cede, 2010), lo cual es altamente preocupante y se revela cada vez que hay un incendio en un inquilinato y quedan atrapados los niños encerrados bajo llave.

El ICBF no alcanza para atender el cuidado y la educación de los padres en las etapas del embarazo, parto y postparto. Sin embargo, es en esta etapa del desarrollo de los individuos que son mayores el impacto y la rentabilidad social de las intervenciones públicas que las que vienen después en los primeros años de vida, escolaridad temprana y media. Acá se pueden contrarrestar las dietas pobres en hierro que terminan en anemias crónicas, en fósforo que permite un mejor desarrollo cerebral y una suficiente ingesta de proteínas, carbohidratos y vitaminas que vienen en las verduras y frutas y que aumentan la absorción, por parte del organismo, de los nutrientes que requiere.

Otro programa que puede ayudar a reducir la exposición al hambre y la desnutrición es el de Familias en Acción, que alcanza una cobertura de 3 millones de hogares pero que ha sido utilizado como herramienta política por el anterior gobierno. En las pasadas elecciones alarmaban a sus beneficiarios de que había que votar por Santos pues los otros candidatos querían liquidar los programas sociales y cerrar el ICBF.

Es notoria la falta de solidaridad entre el quintil más rico de Colombia que paga muy pocos impuestos directos y la gran masa de personas que están abiertamente desempleadas o están reducidas al sector informal de la economía en la que reciben ingresos inferiores al salario mínimo; allí no hay contribuciones para la salud, las pensiones, entre otras muy redundantes e inconvenientes, como financiar al ICBF, de manejo clientelista, según se ha venido a saber. De hecho, los impuestos a la nómina tienden a ser traspasados a los consumidores, castigando en especial el trabajo formal, pues un empresario piensa mucho entre contratar a un trabajador con o sin prestaciones e impuestos.

El gobierno Santos se ha puesto una meta muy modesta de reducir el desempleo a un dígito, o sea se contenta con un 9,9%. Si en verdad estuviera empeñado en expandir el empleo formal y atender mejor a la población pobre y a sus hijos, haría bien en aumentar el impuesto a la renta y así financiar sobradamente los gastos sociales.

 

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