Por: Juan Carlos Ortiz

Despedida de soltera

Nadie puede negar los encantos románticos de una ciudad como París, donde el simple hecho de caminar por sus calles es un placer inigualable.

Y precisamente estaba hace poco en la ciudad de las luces trabajando y al salir de la oficina en la noche decidí caminar y caminar, cuando de repente vi un grupo grande de personas que se aproximaba por el andén hacia mi.

Pensé que eran turistas, pero no, eran muchas mujeres, no menos de 20, vestidas todas de rojo, casi uniformadas, las cuales súbitamente se acercaron, me miraron y me rodearon.

En otra circunstancia y en otro lugar habría pensado que era un atraco, pero ante tanta belleza y género femenino lo descarté inmediatamente. Eran todas jóvenes francesas y sólo una a diferencia del resto estaba vestida de blanco.

Una de ellas tomó la vocería y me dijo que estaban en la despedida de soltera de la mujer de blanco y no me dejarían escapar del circulo de seguridad hasta que les diera dinero a cambio de un beso de la novia o futura esposa. De esa manera recolectaban el dinero para la luna de miel.

La verdad, se me hizo una idea genial y gana gana, tanto para la novia como para el caminante.

Pregunté si aceptaban tarjeta de crédito y ante una risa generalizada saqué un billete y lo metí en una cajita tipo alcancía que funcionaba como el recolector.

En ese momento la novia se me acercó, me dijo cómo se llamaba y me dio el beso.

Inmediatamente el anillo de seguridad se abrió, se despidieron de mí y el grupo de amigas y la novia siguieron su camino nocturno en búsqueda de otro transeúnte al cual quisieran y pudieran hacer partícipe interactivo de la boda.

Una historia maravillosa y muy creativa que sólo podría suceder en una hermosa calle de la ciudad más mágica del mundo.

Como creativo publicitario siempre he sostenido que las ideas no están en las oficinas, están en la calle, en la vida misma, y esto nuevamente me lo ha ratificado.

 

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