Por: Gonzalo Silva Rivas

Despegar o aterrizar

Por estos días el presidente Santos debería estar cortando la cinta de inauguración del aeropuerto del Café en Palestina.

Pero como están las cosas es probable que concluya su cuatrienio -para no hablar de reelecciones- y se prive de la histórica posibilidad de ser el ángel guardián, el hacedor del sueño más importante que a lo largo de toda su historia han acariciado los caldenses con su afligida Manizales.


El más grande anhelo de la región es contar con un aeródromo de primer orden, como seguramente lo será el remoto día en que lo inauguren, cuando sea uno de los más importantes del país, dinamizador fundamental para la economía de esta espléndida zona turística y cafetera. Fue hace 25 años, en 1986, durante acto realizado en Bogotá con personajes del Estado que se hizo la presentación en sociedad y recibió luz verde el consensuado proyecto.


Sin embargo, ha pasado un cuarto de siglo y su sobresaltado proceso de planeación y ejecución ha resultado más controvertido y polémico que el del José María Córdova en Medellín, epicentro de agudas polémicas legales y discusiones técnicas, incluso el día de su inauguración, en 1985. Esta obra tomó diez años y costó $14 mil millones a valores de la fecha, en ambos casos más de tres veces los cálculos presupuestados en sus inicios.


El aeropuerto de Palestina se previó en cerca de $50 mil millones, suma que ya pasa el umbral de los $260 mil millones y que llegará al medio billón de pesos cuando se entregue, según las crédulas autoridades, en el 2014. La última y optimista proyección trazada en 2009, que auguraba su inauguración para mediados de este mes, terminó descartada de tajo ante las evidentes realidades que hoy reflejan su oscuro panorama técnico y presupuestal.


El escenario que rodea la ejecución del proyecto es elocuente. Las complejas dimensiones de la obra, los riesgos que generan sus tierras volcánicas, las dificultades presupuestales, la controvertida gestión en su gerencia, la improvisación rampante, la incompetencia, los señalamientos y denuncias por irregularidades, la corrupción, el silencio que oculta protuberantes fallas, la falta de credibilidad, las investigaciones que adelantan los organismos de control y el escepticismo del Gobierno Nacional se alían para ahondar la incertidumbre. 


El primer avión ya no despegó del Aeropuerto del Café durante este noviembre como se proyectó en uno de los tantos cronogramas trazados y modificados ante las irrefutables evidencias de los desatinos. Como lo insinuara de alguna forma el ministro Cardona, primero habrá que aterrizar lo que se tiene y lo que se quiere. 


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2011-11-15T21:47:35-05:00

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