Por: Hernán González Rodríguez

¿Despenalización del aborto?

La ministra de Justicia, Ruth Stella Correa, mencionó hace algunos días que el gobierno del presidente Santos examinaba la posibilidad de solicitarle al Congreso que despenalizara completamente el aborto.

Como es sabido, la Corte Constitucional despenalizó en 2006 los abortos, en Colombia, en tres casos concretos: Violación, riesgo de muerte para la madre y malformaciones congénitas del feto. Para una persona con principios morales o éticos, estas causales son lógicas y suficientes; pero aplicarlas por acá resulta casi imposible por culpa de nuestra tramitología.

El problema se agrava porque cualquier dama angustiada puede aducir haber sido violada, adquirir el abortivo Misoprostol con fórmula médica o en el mercado negro para iniciar su aborto y terminar siendo atendida en un centro médico para evitar una hemorragia.

Este conflicto se enmarca desde hace siglos entre los extremos de dos principios morales básicos: El derecho a la vida del feto como si ya fuera una persona humana desarrollada y el derecho a la libertad absoluta de la madre para decidir terminar su embarazo, hasta unas 12 semanas después de la fecundación del óvulo.

Al respecto caben dos preguntas clave: ¿Es el derecho a la vida tan absoluto que podemos forzar a todos nuestros conciudadanos para actuar en contra de sus convicciones? ¿Es el derecho a la libertad de los ciudadanos para pensar y actuar tan absoluto que la vida de los nonatos depende solamente de la clemencia materna?

Numerosas personas consideramos que la mejor solución radica en gastar menos tiempo en legalismos extremos y más en la educación de las familias, en especial, de las madres y de las niñas. Recordemos que los derechos absolutos no existen, las circunstancias pueden incidir en la moralidad y en la legalidad de las acciones humanas.

Se afirma que en Colombia se presentan anualmente cerca de 400.000 abortos en forma ilegal, de los cuales unos 130.000 son tan mal practicados que ponen en riesgo la vida de las madres. Una de cada cinco niñas colombianas entre los 14 y los 19 años resulta embarazada. Finalmente, cerca del 50% de los embarazos en Colombia son NO deseados.

Al meditar sobre las cifras del párrafo anterior cabe preguntarnos de nuevo, ¿qué le está sucediendo a nuestra sociedad para tolerar esto? ¿No sugiere la magnitud de estas estadísticas la existencia hoy de una moralidad diferente? Numerosos expertos consideran que la calidad de las educaciones sexual, reproductiva y moral que existe en el país es la culpable, en buena parte, de las cifras aludidas.

La verdadera solución estriba en que el los padres, el Gobierno y los líderes religiosos eduquen a sus hijos en estos temas y que adelanten campañas para tal fin. La ciencia, la tecnología y algunos gobiernos clarividentes facilitan hoy a la población las soluciones adecuadas para asegurar una paternidad responsable y sin abortos. ¿Dilapidará el Presidente, entre tanto, billones de pesos para conquistar el voto de numerosos congresistas incompetentes y enredar aún más el tema del aborto?

 

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