Por: Alvaro Forero Tascón

Despertar nacionalista

AL PATRIOTISMO SE LE ATRIBUYEN muchas bondades, al punto de que nadie se declara antipatriota.

Su buena fama empezó desde sus orígenes en la Grecia antigua, en que significaba apego a las buenas costumbres, al lenguaje y al bien común. Hoy sigue siendo el concepto políticamente correcto por excelencia.

Pero con el nacimiento del Estado nación se confundió con el nacionalismo. Y así como algunos no ven diferencias esenciales entre los dos conceptos, otros creen que son profundas. George Orwell aborrecía el nacionalismo que nutre al totalitarismo, pero consideraba al patriotismo como la devoción a un sitio y una forma particular de vida que se considera la mejor del mundo, pero que no se pretende imponer a otras personas. Hoy los términos se confunden a favor del nacionalismo, pues a pesar de la evidencia de que éste ha sido cómplice de buena parte de los episodios más crueles y destructivos de la historia, sigue abrigado por el rostro altruista del patriotismo.

La ilusión de que el nacionalismo cediera con el fin de la Guerra Fría y con la globalización, se deshizo rápidamente en la antigua Yugoslavia, África y hasta en países desarrollados como Estados Unidos, donde bajo el manto del patriotismo se convirtió en una rentable bandera política de la derecha. Sin embargo, la intensidad del nacionalismo varía no sólo por países, sino por épocas. Fue muy alto en la Alemania nazi, pero los estudios demuestran que comparado a otros países, es bajo en la Alemania actual.

El patriotismo que sienten con tanta fuerza hoy los colombianos es nuevo. En el pasado, por el contrario, se decía que los colombianos eran poco patrióticos, que tendían a subvalorar lo propio. Mientras que el diferendo limítrofe ha tenido implicaciones políticas nacionalistas en Venezuela desde hace muchos años, en Colombia no generaba emociones nacionalistas, y hasta ahora las relaciones con los países vecinos no habían producido efectos políticos internos. El despertar nacionalista colombiano no es producto de una preocupación por la soberanía, sino de la solidaridad cerrada con el presidente Uribe en la contienda geoelectoral que libra con los presidentes vecinos. Prueba de ello es el apoyo mayoritario a las bases militares estadounidenses.

El patriotismo es un instrumento político tan potente porque adormece la capacidad crítica de una sociedad, aceptándose como una verdad objetiva sin serlo, y exigiendo el apoyo incondicional a favor de la “patria”. Pero el patriotismo no requiere que se esté de acuerdo con todo lo que hace un país; Peter Euben sostiene que para Sócrates, por el contrario, éste promueve el cuestionamiento analítico que conduce a mejorar ese país.

Euben plantea que el patriotismo debe ser crítico, pues implica que después de hacer todo lo que podamos para convencer a nuestros compatriotas de su obtusa terquedad moral y política, debemos devoción y gratitud a la cultura que nos nutrió para permitirnos ser críticos. Quizás Colombia no haya sufrido de falta de patriotismo, sino que el suyo había sido un patriotismo crítico. Y esa era una de las causas silenciosas de su tradición democrática, que le había permitido ser un miembro respetado por la comunidad latinoamericana.

 

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