Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Después del Niño, qué?

Los colombianos no podemos seguir siendo los mismos, después del calor y la sequía que hemos vivido.

No podemos olvidar los niños muertos en la Guajira, los enfrentamientos entre vecinos por el agua en Santander, las reses muertas en el Huila, los cientos de incendios forestales y la amenaza de poder vivir un nuevo apagón.

El cambio climático (CC), con la variabilidad climática y sus climas extremos (de sequía a inundaciones), es un hecho que todos vivimos y que nos obliga a pasar de la preocupación a la ocupación. No es suficiente con que tengamos conciencia del CC: tenemos que cambiar y ajustar nuestros hábitos de consumo y sistemas productivos.

Los recursos asignados para la gestión ambiental deben ser utilizados de manera efectiva y eficiente, pues son tan importantes como el gasto en salud o en educación dado que afectan de manera similar nuestra vida y bienestar.

El riesgo del apagón, surge porque no hemos sido capaces de definir una estrategia energética que se adapte al CC. Cuando falta agua, sobra sol y viento. Lo lógico sería estabilizar la oferta energética con energía solar y eólica. Es absurdo que cuando el mundo se compromete con disminuir emisiones, nosotros pensemos que la alternativa sea la generación térmica con carbón, que es la fuente energética que más aporta al CC. Como he mencionado en otras columnas, buena parte de nuestro carbón debe quedar enterrado. Como fuente energética, el carbón debe desaparecer cuanto antes de la faz de la tierra. De nuestra capacidad de negociación depende que recibamos compensaciones en tecnología de punta a bajo costo y aportes económicos para hacer competitivas las energías renovables, a cambio de dejar enterrado nuestro carbón.

Pero no solo las medidas macro son importantes. También debemos comprometernos con acciones a nivel personal. Ahorrar energía y agua es una acción remedial que no apunta a las causas del problema pero suma. Hemos destruido nuestros reguladores hídricos naturales. Por años y años, múltiples políticas públicas e iniciativas privadas han generado destrucción. Hasta la ley 99 de 1993, la conservación era monopolio del Estado y hacerlo en predios privados era ilegal pues el no uso de un predio rural con fines agropecuarios podía llevar a la expropiación.

Ahora, conservar en terrenos privados es legal e incluso puede implicar compensaciones. Pero la conservación privada y las compensaciones asociadas aún son minúsculas. Debemos multiplicar exponencialmente estas acciones si queremos mejorar nuestra capacidad de adaptación al CC. Todos debemos actuar para recuperar nuestros reguladores hídricos y las CAR tienen el mandato de apoyarnos en esta tarea. No se pueden seguir gastando los recursos, que todos necesitamos para la recuperación de las cuencas, en favores políticos. El país exige seriedad. Hoy es un crimen malgastar los recursos públicos destinados a la gestión ambiental y todos los ciudadanos debemos vigilar su uso. Las CAR deben publicar los montos de recursos asignados para este fin y quién es la persona responsable de realizar las inversiones. Así podremos ejercer un mejor control.

Es urgente establecer alianzas entre sociedad civil y gobierno para recuperar nuestras fuentes hídricas. No hay tiempo ni recursos que perder.

* Miembro Consejo Nacional de Planeación.

@Juparus

 

 

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