Por: Mauricio Botero Caicedo

‘Destorcida’ y alimentos

Que la balanza comercial de Colombia enfrenta dificultades, en parte a causa de la notoria disminución de los precios de los hidrocarburos y los minerales, es indiscutible. Los déficits comerciales, combinados con una preocupante merma en la inversión, aparte de atizar la hoguera inflacionaria, van a desatar un desajuste macroeconómico. ¡Cuán equivocados estaban los que pregonaban que la economía colombiana estaba blindada!

De acuerdo con reciente informe del DANE, las exportaciones cayeron algo más de 28% en diciembre, ubicándose en US$3.768 millones, una reducción de US$1.505 millones. La baja en “combustibles y productos de las industrias extractivas” fue del 41%. Un reciente editorial del diario Portafolio señala: “Y es que el huracán de los precios no tiene que ver solamente con el petróleo. El carbón, que ocupa el segundo lugar en monto vendido, también ha salido golpeado... Tampoco va bien el oro que llegó a estar en el tercer puesto. El año pasado lo exportado del metal amarillo cayó en casi 30%. Tanto lo sucedido en los mercados internacionales como los problemas con la producción local tuvieron que ver en ese balance. La lista continúa. El ferroníquel —que es un insumo para la elaboración de acero inoxidable— no pinta muy bien. Incluso el café, que se benefició de un alza en el valor de la libra tras las dificultades que experimentaron los cultivadores de Brasil y Centroamérica, puede ver su estrella en descenso”.
 
En un país como Colombia, que exporta cuatro millones de toneladas de productos agropecuarios (incluyendo café, que no es comida), pero importa 10 millones de toneladas de comida —de los que seis son granos y cereales, como el trigo, el maíz, y la soya—, es más que evidente que la devaluación va a impactar de forma importante los precios de los alimentos, principalmente tres sectores: los derivados del trigo, la avicultura y la porcicultura.
 
Parte importante de la soya y el maíz que consumen en Colombia la avicultura, la porcicultura y en general todo fabricante de concentrados se puede producir en la Altillanura. Pero lo que al autor de esta nota le sigue asombrando es el eco que los grandes medios les dan a unos pocos que rechazan el desarrollo de las nuevas fronteras agrícolas y que son incapaces de entender que en Colombia hay espacio para la gran, pequeña y mediana agricultura.
 
Para el exministro Rudolf Hommes, el no desarrollo de esta frontera es nefasto: “Lo triste es que, mientras se agita la discusión entre posiciones extremas, se ha detenido el desarrollo en la Altillanura, que generaría una fabulosa riqueza y le daría al país una seguridad alimentaria a toda prueba... En agricultura se podría inducir más rápidamente un impulso contracíclico, pero para ello se tendría que pensar en desarrollo agroindustrial, y nadie se le mide en el sector oficial a enfrentarse al senador Jorge Enrique Robledo para remover los obstáculos legales que impiden ese desarrollo”.
 
Apostilla: Pocas palabras en español tienen un significado más literal que aquella de correveidile. El Diccionario de la Lengua, además de la definición de “persona que lleva y trae cuentos”, añade la de “alcahuete”. Es tan sorprendente como indignante ver a un exmandatario sirviendo de correveidile de un dictadorcillo de pacotilla como es Nicolás Maduro.

 

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