Por: Juan David Ochoa

Desuribización

La sugerencia está desde el mismo día de su retorno a la vida civil, cuando su otrora ministro de defensa y supuesto espadachín de su legado de acero, iniciaba la afortunada traición que conllevó al inicio del proceso de paz que ahora tiene a Colombia a las puertas de renovar su economía, su idiosincrasia y su historia.

La sugerencia venía desde entonces: desuribizar la cultura y la pulsión animal de la violencia, desarraigar el círculo de la venganza que nos impuso su odio, su mano firme y oscura que en la retórica de un grande corazón hundió en la sangre, entre los falsos positivos y el proyecto criminal AIS, a sus propios militares que tanto decía defender en ese tono patriarcal y solemne con el que enaltecía y denigraba desde el púlpito de sus salones comunales. En mayoría eran carne de cañón y campesinos que se quedaron al final sin entender las consecuencias trascendentales del conflicto y su propia miseria, sin nunca llegar a ver el final de la obsesión de los tiros ni una retribución evidente para el sacrificio de sus psiques destrozadas.

Ahora su figura de acero y de terror pasa a las páginas de las leyendas oscuras, su emporio fue superado por el cansancio mental de aceptar la impunidad de los muertos. Tuvimos la opción también de la venganza y la vencimos. Ahora su rostro empedrado por la furia interior de la derrota empieza a hacer Historia con su ejército de renegados que se niegan a entender aún que el tiempo los hace inútiles y anacrónicos.

Pero hay que repetirlo, aunque parezca una contradicción de la lógica insistir en su desaparición mientras se nombra: Uribe fue el tiempo de un odio recrudecido en una historia de lágrimas, fue la estrategia bárbara y la opción básica de los impulsos y hay que superarlo. Se hace ahora en el intento de llegar al consenso definitivo de las partes que hicieron de este país una vergüenza sin nombre, y se intenta lograr por los senderos exclusivos que le quedan a los estados fallidos después de su rotundo fracaso.

Este es el primer eslabón de la desuribización y la superación del salvajismo que nos hizo internacionales. Pero vendrá el posconflicto, y habrá que enfrentarlo también con la insistencia de los mismos estados que se levantaron del polvo para refrendar su voluntad, aunque en la lentitud del levantamiento se sienta la náusea de los traumas percibidos desde la conciencia. Vendrá la confusión natural de una sociedad inexperta en inclusión, volverán las ideas recurrentes que interpretan la superación de un error por el cambio de otro, entrará la zozobra de una violencia incrementada en las ciudades sin métodos para entenderla en esa consecuencia natural de los duros procesos. Pero la historia es larga y nos tocó el interludio de la desventura. Por las estirpes futuras de una última vergüenza, habrá que resistirlo.


@juandavidochoa1


 

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