Por: Juan David Correa Ulloa

Detrás de cámaras

Cuando uno vuelve a ver Agarrando pueblo (Mayolo/Ospina, 1978), descubre otra vez a ese muchacho lleno de fuerza que alguna vez fue Carlos Mayolo. Hace ya un año largo que su presencia dejó de estar entre nosotros.

Queda una última foto en la página final de este libro en donde se le ve con varios kilos de más encima pero con la risa intacta de quien sabe que, gracias a sus apuestas, ha ganado algunas partidas. Creo que eso es este libro al cuidado del escritor Sandro Romero: un ajuste de cuentas cargado de inteligencia. No es un homenaje, como podría pensarse. Es más bien la síntesis de una poética de autor que nos descubre al hombre solitario más allá de la leyenda: quien busque las pistas de una personalidad avasalladora, de un rumbero inquebrantable o de un ogro detrás de cámaras, se habrá equivocado de libro.

La vida de mi cine y mi televisión es uno de esos manifiestos que siempre se agradecerán, pues antes que una serie de anécdotas, estos textos nos ayudan a entender una serie de búsquedas estéticas y personales que aparecen, con urgente recurrencia, en cada uno de los trabajos del realizador caleño. Mayolo, lo dice él mismo, nació con el demonio del cine adentro.

Primero, claro, como espectador en una infancia en la que las estrellas brillaban con luz propia, y después como artífice y miembro de una generación que marcó la historia de la cinematografía nacional. Participó activamente en el cineclub de Cali, en la revista Ojo al cine dirigida por Andrés Caicedo; hizo publicidad; se rebuscó la manera, junto a amigos incondicionales como Luis Ospina, de ir a contracorriente para hacer sus propias películas; se burló de la soberbia lastimera con la que nos miraban desde el primer mundo, y se lanzó al agua para hacer cortos, medios y largometrajes, a pesar de las dificultades de la época que le tocó en suerte. No fue un pionero, porque siento que eso no le interesaba.

Fue más bien, junto al grupo de Cali, una suerte de conciencia, siempre alerta, de los caminos por los que iba el cine. Eso es lo que se siente al ver una vez más Agarrando pueblo —que viene junto al libro en dvd—: su pasmosa actualidad, su profunda ironía sobre una realidad que no hemos aprendido a ver con humor y seriedad al mismo tiempo.

Hay otra razón por la cual quien esté interesado en la historia del cine y la televisión en Colombia no debería pasar por alto este libro: no existen muchos documentos en nuestro país en los que un director y actor de cine ponga sobre el papel su experiencia. Y con ello me refiero a una especie de testamento en el que aparezca la profesión en todas sus dimensiones. Mayolo transitó el camino que muchos hoy creen estar descubriendo. Como pudo, hizo dos películas e intentó fundar géneros —como el gótico tropical— que nos pertenecieran. Pero además se sirvió de la televisión para ampliar lo que era estrecho en un país sin recursos para el cine. Realizó series memorables como ¡Azúcar! o La otra raya del tigre, con un compromiso que hoy parece desterrado de nuestros canales.

Cuenta en alguna parte del libro que siempre que emprendía un proyecto se metía de lleno en la investigación histórica, analizaba los posibles cursos de la historia, y luego hablaba con los escritores para quitarles el fardo que suponen los libretos esquemáticos. Hay, además, dos brillantes ensayos sobre la actuación, y porqué son importantes los fetiches y el universo de un director. Mayolo fue un cineasta de tiempo completo, nunca dejó de pensar su oficio y al final de su vida, hizo el proceso contrario: dejó de pensar en la pantalla para dedicarse a escribir y pensar sobre el camino recorrido. Él sabía que ya había cumplido: “Yo creo en los directores guarros, tropeleros, mal hablados, que sepan montar en moto, nadar, disparar, montar a caballo; que sepan tirar, que toquen guitarra, que sean atletas. La profesión de director de cine es como el que entiende todo en el colegio y no le importa hacer una cagada para que lo expulsen. Ser buen alumno pero tener mala conducta”.

La vida de mi cine y mi televisión, Carlos Mayolo, Villegas.

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